Y todo esto pasó en un "país democrático", todo mientras tú observabas manipuladas noticias en donde se ha reciclado en más de 7 noticiarios la misma imagen de un encapuchado, que probablemente era un policía infiltrado tratando de ensuciar una lucha justa. ¿Te parece macabro? Calma, aún queda más de este juego sucio, todo aquello, la represión, las metiras y los golpes son ordenados por un gobierno que se escogió por los habitantes de aquel país democrático, un gobierno que según las últimas encuestas tiene un 60% de desaprobación (porcentaje mayor al que requirió para ostentar el poder), un gobierno con intereses comprometidos en muchas empresas que no se preocupan de sus trabajadores, ni mucho menos del medio ambiente que contaminan a diario, todo para obtener recursos monetarios que el pueblo jamas tendrá. ¿Te parece absurdo? Aún queda más información desagradable para tu cerebro, en ese mismo país la educación y la salud son bienes de consumo y el primer mandatario lo dice abiertamente en los noticiarios del país. ¿Crees que es un descaro? En efecto, todo esto pasa en Chile, el país en que habitas, todo ocurre mientras te anestesias con las noticias de futbol, mientras observas programas de televisión con caras guapas, mientras rezas para que el mundo cambie. Todo esto pasa en tu país, mientras te explotan a diario y tu accedes, pues la indefensión aprendida se apoderó de ti, y no es del todo tu culpa. El sistema te obliga, te preparó y te educó para obedecer, trabajar y en tiempos de crisis apretar los dientes, mientras los jefes se alimentan de tu alma. Pero...¿Eso es lógico? Sin incluso bajo las perspectiva capitalista que nos imponen día a día, esa que nos hace pensar y contar números en lugar de historias, nos muestra que somos cuantitativamente más...Sí, somos muchos más que ellos y tenemos conocimientos que ellos no quisiesen ni soñarían tener, somos los responsables de que este escenario presente su función, pero nadie nos deja participar como protagonistas, nos quieren de teloneros, sin aplausos, sin luces, sin nada. Y todo esto pasa en tú país, en tú sociedad, en tú vida. ¿Y aún así puedes ir tranquilamente al trabajo y seguir como si nada pasara?
Y todo esto pasó en un "país democrático", todo mientras tú observabas manipuladas noticias en donde se ha reciclado en más de 7 noticiarios la misma imagen de un encapuchado, que probablemente era un policía infiltrado tratando de ensuciar una lucha justa. ¿Te parece macabro? Calma, aún queda más de este juego sucio, todo aquello, la represión, las metiras y los golpes son ordenados por un gobierno que se escogió por los habitantes de aquel país democrático, un gobierno que según las últimas encuestas tiene un 60% de desaprobación (porcentaje mayor al que requirió para ostentar el poder), un gobierno con intereses comprometidos en muchas empresas que no se preocupan de sus trabajadores, ni mucho menos del medio ambiente que contaminan a diario, todo para obtener recursos monetarios que el pueblo jamas tendrá. ¿Te parece absurdo? Aún queda más información desagradable para tu cerebro, en ese mismo país la educación y la salud son bienes de consumo y el primer mandatario lo dice abiertamente en los noticiarios del país. ¿Crees que es un descaro? En efecto, todo esto pasa en Chile, el país en que habitas, todo ocurre mientras te anestesias con las noticias de futbol, mientras observas programas de televisión con caras guapas, mientras rezas para que el mundo cambie. Todo esto pasa en tu país, mientras te explotan a diario y tu accedes, pues la indefensión aprendida se apoderó de ti, y no es del todo tu culpa. El sistema te obliga, te preparó y te educó para obedecer, trabajar y en tiempos de crisis apretar los dientes, mientras los jefes se alimentan de tu alma. Pero...¿Eso es lógico? Sin incluso bajo las perspectiva capitalista que nos imponen día a día, esa que nos hace pensar y contar números en lugar de historias, nos muestra que somos cuantitativamente más...Sí, somos muchos más que ellos y tenemos conocimientos que ellos no quisiesen ni soñarían tener, somos los responsables de que este escenario presente su función, pero nadie nos deja participar como protagonistas, nos quieren de teloneros, sin aplausos, sin luces, sin nada. Y todo esto pasa en tú país, en tú sociedad, en tú vida. ¿Y aún así puedes ir tranquilamente al trabajo y seguir como si nada pasara?
Pasó un nervioso Diciembre en el que tuvimos que asumir que aunque era una hermosa amistad, la sangre de las arterias aceleraba nuestros pulsos como queriendo algo más. Caminamos entonces de la mano, cada día, cada tarde, cada estación del año y la palidez habitual de mi rostro tomó un color más vivo y más humano. De a poco olvidé a los fantasmas y decidí regalar mi corazón a aquel niño que ahora ya era un hombre y se transformaba en sol. No creí que fuese probable que luego de tantos años, de tantas veces en que el agua corrió de la montaña al mar para volver a caer en forma de nieve a su lugar de orígen, yo diría esto. Pero la vida siempre sorprende, y una vez más suspiro con sólo recordar el tono de sus ojos, cual si lo hubiese visto por primera vez, y mi corazón comienza a latir con más ganas cuando su inconfundible voz a kilómetros de distancia dice un tierno "te quiero".
Te amo, porque sí, poque no, porque claro!
Yo sólo le fulmino con la mirada y despego los labios para murmurar No, OREM. Evidentemente no lo he gritado, porque carezco de un cromosoma Y capaz de enardecerme la sangre en las venas al punto de elevar la voz como una imbécil, y además aquel sujeto no debe conocer a Orem, la autora de la Teoría del Autocuidado.
Están avanzando los vagones del tren, empiezo a contarlos y pierdo la cuenta en el número 20, por lo que decido aumentar el volumen de la radio y oír distraídamente a The Killers. Miro el reloj, ahora mi retraso habitual va a acentuarse irremediablemente en unos 20 o 30 minutos, quién sabe, nunca he logrado contar todos los vagones del tren como para calcular cuando tardan en pasar. Afortunadamente, debo recoger a una futura enfermera, y luego ir a una reunión con otras futuras enfermeras, es obvio que ninguna de ellas me encontraría estúpida por querer desafiar a mi suerte en lugar de cuidar cada una de mis células. Quizás el señor del vehículo debió gritarme, Estudiante de Enfermería, o ENFERMERA, en lugar de mujer…
Han terminado de pasar los vagones del tren, ya puedo pasar, no siento deseos de gritarle al sujeto imprudente, sólo me siento extraña al pensar lo poco que valoran la vida algunas personas, y lo victorioso que se sentía al pasarme aquel airado señor en su descomunal, pero simultáneamente frágil Jeep. De seguro ha de contar con un buen seguro de vida, de seguro cree que su cromosoma Y lo hace superior a mi, más osado, valiente y hábil. Ahora sólo pienso una cosa, ojala no esté protagonizando un accidente unos kilómetros más adelante, ya voy muy retrasada y tendría que bajarme a ayudarlo.
En este día no importa tu profesión, oficio, estado civil, tendencia política, atisocial, tu opción sexual, da igual. Sólo importa que todos somos humanos, que todos tenemos un corazón. Así dice el slogan... "Chile un sólo corazón". Entonces puedes ver que los lustra botas trabajan sólo para la teletón, los peluqueros también, las grandes empre$as que no pueden aspirar a tanta generosidad (probablemente por que alguno de sus genes está mutado e impide entregar tanto), se conforman con obligarnos a acumular deudas con la promesa, esa infinita promesa, de entregar 200 millones a la teletón. En fin, todos de acuerdo a sus propios parámetros de generosidad, de moralidad y ética, dan lo mejor de sí, siempre con el fin de obtener dinero a cambio, el que obviamente será entregado a la teletón y aprovechan de mostrarle a todo el mundo lo amables, empáticos y buenas personas que son, todo para apoyar a los niños de la teletón. ¿La respuesta? Es que Chile, hermanos míos, es un país SOLIDARIO, durante estas 27 horas, por supuesto...¿Pensaste que también era así el resto del año?
...Aclaremos la situación el resto del año, esos mismos empre$arios que hoy entregan dinero, a su manera, pero lo entregan. Ellos, los que tienen apellidos compuestos, gringos, o de los vinos finos. Los mismos señores, implementan políticas de trabajo que impiden que las personas con discapacidad puedan desempañarse como cualquier otra en el ámbito laboral...¿Pero no teníamos todos los chilenos un mismo corazón? De este modo, vemos como se cierran puertas, ventanas, aspiraciones y sueños de aquellos que han luchado mucho más que nosotros para conseguir un empleo...
Ahora bien, los señores de la locomoción colectiva, esos mismos que pintaban ventanas con mensajes bonitos de apoyar a la teletón, los mismos que se emocionaban con la idea de alcanzar la meta, se niegan a trasladar a una persona en silla de ruedas el resto del año...¿No era chile Solidario?
...Los pequeñitos en sus escuelas, esos que juntan dinero, rompen sus alcancías con una ternura abrumadora, y con sus dulces vocecitas dicen la cantidad de dinero que ha juntado su respectivo colegio a viva voz el día de la teletón...El resto del año se las ingenia para poner el sobrenombre más cruel posible a aquel compañero/a que es distinto, que no puede caminar, o que lo consigue con dificultad y lo discrimina cada vez que puede. Quizas porque no enseñamos en la escuela que todos tenemos un mismo corazón.
...Los edificios, las escuelas, los centros comerciales, las calles y universidades. Las construcciones en general, las que evidentemente, como todos, aportan con dinero en las 27 horas. Se olvida el resto de los días, que lo ideal para trasladarse en sillas de ruedas son las rampas y no las escaleras.
...La televisión chilena no se queda atrás, el resto del año no vemos a nadie en silla de ruedas, o con ausencia de alguna extremidad, conduciendo un programa de televisión o animando el festival de viña...
He estado pensando por qué ocurre este fenómeno y he llegado a la conclusión de que Chile es una país $olidario, que paga un seguro contra cargos de conciencia, moral, ética, empatía y ayudar real con las personas con discapacidad durante 27 horas, una vez al año, o cada dos años. En el mega evento que simboliza la teletón. Entonces, entregar dinero de las grandes empre$as, de las fuerzas armadas, contar con la participación de autoridades y personajes de todos los partidos políticos, ponernos todos una mano en el corazón y la otra en el bolsillo no es más que un ritual que expresa lo siguiente; "Dí dinero a la teletón, aporté con mi esfuerzo, me sacrifiqué, durante 27 horas, puedo seguir con mi vida normal, discriminando, sin ayudar, sin incorporar a nadie diferente a mí o con capacidades distintas a las mías, sólo porque me choca la diferencia."
En conclusión, la teletón es aquel rito espectacular, el mega evento en el que se contrata el mejor seguro de conciencia, para poder continuar siendo personas individualistas, incapaces de empatizar con el esfuerzo y sacrificio de aquellos que no pueden caminar del modo que camina la mayoría, que no pueden escribir como la mayoría, y sin duda, haciéndoles aún más difícil esa tarea, cerrando puertas en los puestos laborales, negando el trasporte, y maltratando psicológica y emocionalmente de la forma más despiadada posible...
Chile, un sólo corazón cruel, frío, y muy distinto al de todos aquellos que luchan día a día contra la discriminación, de aquellos que con lágrimas en los ojos agradecen nuestra asquerosa hipocresía. De aquellos niños, que espero, en un futuro, hagan de esta una sociedad más cariñosa, más dulce, menos humana, ya que últimamente ser humano o computador, no representa más diferencia que la presencia de cables y teclas.
No es sólo el reinante frío ni el día gris que combina con mi tristeza, son las ansias de recibir una noticia imposible. Es el infantil anhelo de que un hada madrina cambie todo lo malo por bueno, son mis siempre persistentes ganas de revivir a los muertos.
Muerto, esa palabra jamás debería definir a alguien que quiero.
Y luego recuerdo que mi mirada no refleja lo que quisieras ver en ella, un triste piano suena ahora en mi cabeza.
Me encuentro reciclando líneas y también palabras, ¿Se podrá hacer lo mismo con los sentimientos?
¿Podremos reciclar ahora, acaso, los buenos momentos?
Estoy hecha un lío, y tu sólo deseas seguir hurgando en aquellos recuerdos que te hacen sentir que tienes razón.
No te culpo, fui yo quien te contagió esa fea costumbre, corazón.
Que el tiempo acribille minutos y horas, que el cemento se gaste con el roce de la insistencia y un poco también con la fría indiferencia.
¿Será que nos había pasado antes lo de discutir por más por semejanzas que diferencias?
Unas cuántas notas resuenan en mi cabeza, aquel piano ya no me causa sorpresas.
Otras líneas nuevas, habrán de reemplazar a las viejas y yo nuevamente me excusaré por mi torpeza.
El anhídrido carbónico disminuye en mi sangre, lo que antes era concreto se torna inconstante.
El camino se queda atrás mientras avanzo, los rayos del sol impactan contra mi blusa blanca e inmediatamente se reflejan, los que alcanzan mis brazos desnudos inciden directamente en mi piel y crean algún daño celular del que me arrepentiré en unos cuantos años. Eso me recuerda dos cosas; es verano y la capa de ozono está cada vez más delgada, vivo al fin del mundo y por tanto, probablemente el agujero del que tanto se habla puede estar justo sobre mi acalorada cabeza.
De pronto sin notarlo, mi destino aparece de forma súbita e inevitable, puedo explicar claramente cómo llegue a este lugar, pero me es imposible decir el por qué. Sé que no me hace sentir mejor el estar a metros de un cuerpo que a diferencia del mio no ventila, en una situación que de seguro nunca pasó por mi limitada mente. Es que nunca imaginas que la realidad será precisamente como es…Terrible, malvada y cruel.



El semáforo prendió su luz roja, es hora de bajarme de aquel cálido auto y enfrentar la fría mañana, el aire es incapaz de despeinarme, voy disfrazada de persona seria, mis rizos están enfadados y anudados en una elegante trenza, mientras cientos de horquillas luchan por mantener mi rostro despejado de algún inquieto mechón de cabello.
Mis labios están suavemente maquillados, eso para que parezca que tengo más de 19 años, yo camino rápido, en parte para llegar temprano y en parte para alejarme del frío. No respiro por la boca en todo el tortuoso camino hacia la calidez del hospital, ya que no sería bonito enfermarme y en lugar de cuidar contagiar a un paciente.
El camino es como siempre, rápido, cientos de perfumes me despiertan, el aroma a flores de una mujer alta, rubia y elegante, el olor a pino y madera de un hombre de maletín, la fragancia a uva de una estudiante de colegio. Todos caminan tan rápido como yo, pero no se si todos respiran de forma irregular para no llenarse la boca de aire frío, quizás eso sólo lo hago yo, porque no tengo amígdalas y detesto el dolor de garganta que sobrepasa mis límites de tolerancia.
Al fin he entrado a aquel lugar cálido, el hospital, allí todos corren, tanto para entrar como para salir. Comienzo a saludar con un “buenos días” de la forma más alegre que puedo, pues ahora estoy respirando bien.
Ha llegado la hora de ponerme la toca, cada vez que hago eso, pienso que es el broche de oro para mi disfraz. Entonces el día entero actuaré como una persona sin problemas, tranquila, serena y confiable. Como lo hace el ejecutivo desconocido del banco, el señor que vende el diario, la dueña de casa que debe mantener todo perfecto. Todos ocultando cada uno de nuestros sentimientos.
Alguien falleció en el servicio, sé que estará mejor en aquello que exista luego de la vida, pero no puedo evitar sentirme conmovida, me limito a hacer un minuto personal de silencio y orar.
Luego el trabajo me hará olvidar cada cosa, incluso lo que era antes de estar allí. Recordaré la fisiopatología de “x” enfermedad que me interrogue la profesora, la farmacocinética y mecanismo de acción de algún fármaco, probablemente justo de aquel que no había estudiado. Y como siempre, parecerá que no sé nada, aunque haya dormido poco sólo para saber lo que jamás preguntarían.
Pero así es la vida de una estudiante de enfermería, luego reiré irónicamente de todo lo que me acontece, junto a los que viven la misma realidad. Tendremos un almuerzo rodeado de casos clínicos, diagnósticos NANDA, NIC y los abominables NOC, todos pensando en CARPENITOS u otras sandeces.
Al fin habrá de llegar la hora de ir a casa y estar sola, entonces y sólo entonces recordaré lo que me conmovió en la mañana, una pequeña lágrima se derrama en mi trayecto hacia la casa en la micro, he recordado que tengo sentimientos tristes, que todavía la muerte me hace daño, luego recuerdo mis propios duelos. Es difícil no sentirse triste sabiendo que alguien en otro lugar está sufriendo y que entiendes exactamente qué es lo que le duele. Entonces pienso que sería fantástico tener un poco de tiempo almacenado en una ampolla de 20mgr, entonces lo pasaría por una vía venosa 18, para que avanzara rápidamente, esto sólo porque dicen que el tiempo cura todo. Y porque luego de tres años, a mi no me ha curado aún.

Me encontraba en medio de una alameda iluminada por amables focos negros, el viento me despeinaba y enfriaba el cuello simultáneamente, ya había caminado un par de kilometros con mi mochila al hombro y todo indicaba que la voz de Chris Martin no bastaba para hacerme sentir acompañada. De pronto había terminado Shiver, y una nueva canción estruendosa de esas que atraen a los perros callejeros a seguirme indignados por el brutal sonido amplificado 300 veces a sus oídos mega desarrollados, comenzó de pronto. Ahora Victor García, entonaba "Contra el Viento" y mis pasos acrecentaban velocidad. Fue entonces cuando noté que aunque oír música es uno de mis placeres, soy un ser eminentemente gregario, me sentí totalmente sola y comprendí que un mp3 plagado de artistas no es capaz de darme la mitad de alegría que una conversación con algún ser humano. Para ese momento, sólo deseaba pensar en algo diferente a mi soledad...
Quizas es la mala costumbre de hablar hasta por los codos, o simplemente que cada vez que pienso detenidamente y sola, las conclusiones resultan curiosamente abrumadoras, o cargadas de la tristeza que tanto me gusta ocultar tras una aparente y despreocupada sonrisa. O tal vez sea porque es inevitable estar sola con mi cerebro sin querer crear un cuento...Un cuento con un poco de mi, repartido en varios personajes. De pronto asesino mi inocencia y fe en seres superiores en una Onírica Felicidad, para luego luchar por mis sueños en el Cuarto Deseo.
Un poco de todo, un poco de nada. Hoy sólo me queda decir que me encantaría ser protagonista de uno de mis cuentos, sabiendo que puedo crearme una trama aburrida y feliz sin más sobresaltos que la aparición de un rojo elefante con alas surcando el espacio...

By Anfechen.
Sin duda las donuts clásicas eran incapaces de saciar los voraces instintos de supervivencia de estas dos creaturas adictas al extracto de cacao. Así continuaban caminando en las calles de Los Andes, simulando ser dos humanos normales, aunque aquellas manchas de una sustancia viscosa, oscura de suave y envolvente aroma, exaltaban aún más su nociva costumbre de asaltar las estanterías de cada supermercado, emporio o almacén más cercano.
El día terminaba y el sol ya se apartaba del todo cuando por fin terminaron de engullir vorazmente las donuts clásicas, un burdo intento de saciar su verdadero deseo de sentir el agradable sabor a cacao mezclado con la textura única, con el amargor tan característico de la más famosa proveedora de vitamina C, la naranja, indisputablemente la más noble fruta que les entregaba el lejano oriente. Nuevos minutos y horas se suicidarían hasta que al fin Tok y Anfechen desistieran y postergaran el insoslayable deseo de subsistir a través de algo más que un simple sucedáneo de la mezcla de sabores que originaban unas donuts orange bitter. Y así cada uno durmió en su propio infierno onírico, mientras sus atormentados subconscientes plagados de ansiedad recordaban la noche entera; “No es lo mismo una donuts clásica que una orange bitter”.
Llegada la hora del crepúsculo, Tok y Anfechen emprendieron camino hacia una nueva batalla. Hoy nada en el mundo, absolutamente nada podría impedir que sus paladares se saciaran de donuts orange bitter. Poco importarían hoy las interminables filas y las fatídicas fechas de inicio de mes.
Sin embargo, no contaban con los obstáculos que impondría la naturaleza, el cielo se encontraba encapotado, y un frío viento, enemigo natural de Anfechen, calaba los huesos. Tok encontraría entonces la solución, le ofreció su chaleco y decidieron cobijarse del frío en el lugar más idóneo; el supermercado Express. Algo así como un templo contemporáneo capaz de satisfacer los deseos humanos y mutantes. Entraron y la voz de John Secada gritaba, “Ya… yaaaaa no puedo más”, canción que sacaba carcajadas a Anfechen.
A diferencia de la batalla anterior hoy disponían de algo muy valioso, tiempo. Así que decidieron pasear lentamente por cada pasillo hasta impregnarse del acojedor calor de un maldito supermercado, templo del capitalismo, asunto enemigo natural de ambos. El caso es que el frío y el hambre, una vez más obligaban a realizar la transacción, unas cuantas de esas cositas redondas metálicas, que curiosamente traen la figura de una mapuche (como si ellos aprobarán este sistema económico), bastaban para satisfacer las más básicas necesidades.
Y en medio de todos los productos apareció el comestible más multiuso que una pareja de mutantes pudiese imaginar, ahí estaba iluminado en su flamante envoltorio verde nada más ni nada menos que un puré de manzana. Continuaban haciendo la hora para buscar los lentes de la miope Anfechen, que se encontraban en reparaciones, cuando de pronto un grito cargado de ira, groserías y otras cosas indescriptibles, los obligó a girar la cabeza y abandonar un envase de porotos negros, no arios. En fracción de segundos, un guardia corría, una mujer gritaba improperios, mientras las cajas sonaban monótonamente con su habitual pip, pip, ritual que engrandece al dios del capitalismo, que se enorgullece al oír los himnos de alabanza cuando la ofrenda impregnada de un código de barra se desliza a través del láser.
Tok y Anfechen, ya contaminados con la idea de no intervenir en conflictos ajenos, siguieron en la búsqueda de las galletas, y encontraron al fin un alto de Donuts Orange Bitter, apiladas, sonrientes, deliciosas, seguimos!
Finalmente, decidieron llevar dos en lugar de un paquete de galletas y se pusieron en la fila de entregar ofrendas al dios capitalismo. Llegado su turno de cancelar, digo entregar la ofrenda, observaron a otro de sus enemigos naturales. Un paco alias Carabinero de Chile, caminaba con estilo de policía de película gringa raudamente hacia una puerta que probablemente conducía a una nueva dimensión desconocida. Luego de comprar se enteraron que lo ocurrido era lo que temían, un asalto, gobernado por la ira y la violencia, de un sujeto del que poco sabían pero les hizo mala impresión que golpeara a un guardia, una mujer y un ancianito en su intento por escapar con el botín de algún consumidor, digo feligrés. Alguien prestaba atención al herido, mientras el pacabinero avanzaba de un lado a otro, entonces Tok y Anfechen salieron del atestado lugar para encontrarse con el frío viento andino. No esperaron hasta llegar a un sitio cómodo y comenzaron a comer las galletas disfrutando nada el primer paquete para notar el sabor de cada una de ellas en el segundo. Tal como lo recordaban, el sabor amargo de la naranja les otorgaba ese toque especial y único. Por fin podrían tener dulces sueños, ya nadie pagaría las consecuencias de un par de iracundos mutantes hartos de someterse a los rituales del capitalismo.
FIN.
