Author: Anfechen
•8:42
La luna estaba estacionada en ese cielo y una suave brisa tibia jugueteaba con su cabello, ella suspiraba y sonreía sólo por existir, sólo por poder sentir como el viento acariciaba su rostro.
La luna de pronto cambió de color, ya no era blanca y una sombra comenzaba a bajar lentamente, quizás por su característica palidez la mancha parecía muy oscura, quizás porque eso era muy infrecuente, pero sintió miedo, un miedo difícil de explicar. La aflicción se apoderó de su pecho y Alelí empezó a correr en dirección al bosque, no resultó difícil, ya que los rayos de la luna iluminaban sus pasos, ni siquiera tropezó.
Pasaron así los minutos y el bosque perdió luminosidad conforme avanzaba, Alelí retrocedió sobre sus pasos, nuevamente corriendo, al fin llegó al claro nuevamente...
La luna ya no era pálida y la mancha oscura ya casi cubría tres cuartas partes del brillante círculo, ahora era roja, una macha rojiza estaba casi totalmente esparramada por esa suave luna. Alelí sólo pensó una cosa; la luna está sangrando, quiso ser mucho más fuerte y dulce de lo que era, quiso poder acunarla y curarla, quiso decirle que cuidaría de ella, porque cada vez que la luna aparecía en el cielo ella se sentía infinitamente acompañada y feliz. Pero era pequeña, frágil además, sus bracitos jamás podrían llegar hasta el cielo, alzó sus manos intentando quitar esa mancha, su mano se veía tan pálida como solía ser la luna, pero no ocurrió. Se sentó entonces exhalando fuertemente, su cabello rojo fue a parar sobre la pálida frente y ya sin mucho más que hacer, se durmió.
Desde lejos observaba divertido ese extraño cuadro Victor, también tenía 8 años, pero no le temía a la mancha de la Luna, estaba realmente fascinado, imaginaba que aquella mancha roja sólo podía ser una guerra brutal en la superficie del satélite, imaginó bestias feroces...o quizás una gran erupción de lava ardiente, o que tal un fuego desencadenado por dragones en la luna. Cualquier escenario le parecía igual de fascinante. No notó cómo sus pasos lo guiaron, pero ya estaba cerca de Alelí cuando se detuvo, el silencio de la noche fue quebrado por un sonido agudo y suave al mismo tiempo, el cuerpecito de Alelí temblaba lentemente. ¿Tendría frío?, se agachó a verla más de cerca y le ofreció su chaqueta, ella respondió que no tenía frío y entonces vio su carita, de esos grandes ojos corría no una, sino que varias lágrimas. ¿Estaba llorando? Le quitó el mechón de cabello de la frente para verla mejor y entonces la luna ya nunca más le parecería un escenario de brutales batallas. La luna era blanca y ahora tenía algo de rojo, era tan blanca como Alelí. Ahora la luna le pareció hermosa.
La chica continuaba llorando y cuando explicó cuánto sufría por la luna el sólo pudo jurar que nunca le contaría su teoría sobre el color rojo de la luna...
Está roja- dijo, mientras secaba las lágrimas de la chica- porque el rojo se ve muy bonito junto al blanco y se quiere parecer un poco a ti.
La chica se sonrojó y Victor no pudo hacer otra cosa más que abrazarla con todas sus fuerzas y prometer que pasara lo que pasara él cuidaría de ella. 

FIN
Author: Anfechen
•15:16
Faltando apenas unos segundos para el despegue que me alejará de este extraño mundo, comienzo a redactar mi informe. No me preocupa entregarlo a tiempo, la distancia a años luz que nos queda por recorrer  para llegar a casa me permitirá acabarlo sin problemas, eso si mis cálculos no fallan, situación que hasta ahora no ha ocurrido jamás.
Todo en orden, ya es hora de iniciar el relato de mi experiencia como observador participante en este extraño planeta que por fin abandonaremos.
Decidimos denominarlo Hidroxigeno debido a su mayoritaria composición química, cada científico del equipo se dedicó a estudiar la gran diversidad de ecosistemas que podían coexistir en él. Quienes me conocen y saben de mi naturaleza compasiva y mi falta de asertividad entenderán que por costumbre me quedé a cargo de la especie menos interesante, siempre con mi obstinación por no generar conflicto decidí simplemente estudiar la que los demás no escogían. Y así pasaron mis primeras semanas de fatal aburrimiento.  Espero que mi relato no sea tan tedioso, al menos que no refleje el desinterés que todos teníamos por la que en un comienzo consideré subespecie.
Semana 1
Su fenotipo demuestra una fragilidad casi inaceptable para las condiciones climáticas a las que se enfrentan y cuesta mucho comprender como han logrado adaptarse con mecanismos tan paupérrimos de supervivencia, aun así tienen una esperanza de vida similar a la nuestra, aunque con pésima calidad de vida, lo que explicaría el creciente número de sucesos de autoeliminación que presenciamos  y los penosos intentos fallidos. (Si se me permite crueldad, algunos son tan lastimeros que me hacen dudar de que contengan lo que nosotros conocemos como cerebro).
Su complexión física demuestra variaciones ínfimas de acuerdo a su ubicación geográfica, pero en general se repite el patrón de fragilidad en relación al medio en que viven y una obstinación pueril por tratar de conservar sus vidas, ahondaré en los artefactos que son capaces de construir más adelante. [i]  Sus rostros son ovalados con colores que varían del crema al café oscuro en relación a la ubicación geográfica y la incidencia de luz solar.
Mueren por enfermedades fáciles de prevenir con nuestros avances y básicamente no saben alimentarse, escogen (aunque aún mantengo mis dudas sobre si tienen lo que conocemos como discernimiento) comida que sólo destruye sus organismos.  Este hallazgo me permitió anotar algo de interés y desde entonces las semanas fueron menos tediosas y al menos pude compartir algo digno de mención con el equipo.




[i] Recordar escribir sobre los artefactos.


Semana 2: Su alimentación

Mi especie, ya que a partir de esta semana tuve que admitir que no quedaban más para estudiar, resultó ser nada más ni nada menos que el mayor depredador conocido en Hidroxigeno. Me gustaría decir que lo averigüé en la segunda semana, pero la verdad es que no me convencí de esto hasta dos meses después de la investigación.
Mi especie a la que denominé L450, en efecto depredaba toda la cadena alimenticia, sin poseer  los atributos físicos para lograrlo elaboraba rudimentarias herramientas que le permitían depredar a especies de mayor tamaño y valor dentro del ecosistema.  Algo que me generó un profundo asco y me costó mucho volver a la rigurosidad que exige la ciencia. Es difícil no emitir juicios de valor ante tanto desequilibrio, más aún si consideraba que a ese nivel generaban incluso la extinción de ecosistemas completos, sólo para alimentarse de carroña, el sin sentido me pesaba y se hacía difícil no odiarles.

La interrogante de si tenían o no inteligencia quedó casi resuelta para fines de la segunda semana y trataré de explicarlo en términos simples, para que cualquier habitante de nuestro planeta pueda comprenderlo.

a)       Depredaban todas las especies que habitaban en Hidroxigeno, y las que no habían sido devoradas por sus burdos métodos (que en gran parte de los casos incluían mutilación y crueldades  casi indescriptibles) simplemente aún no habían sido descubierta por sus sentidos, o no habían logrado diseñar la herramienta capaz de destruirlas.
b)       En su básica forma de alimentarse que se basaba en una sola regla- comer todo lo que se cruce en tu camino a costa de cualquier método- los ubicaba en el primer lugar de depredadores totales. No obstante, parecían no notar que esto dañaba sus organismos y era lo que finalmente les generaba la muerte. Es cierto que algunos grupos intentaban hacer ciertas selecciones, no obstante aquellos que ocupaban cargos de jerarquía en su sociedad, se esforzaban por obligarles a alimentarse de elementos nocivos. Me aventuro a pensar que en un intento de controlar la población.
c)       La cantidad de años que podían vivir aún autodestruyéndose no es despreciable y lo peor de todo es que en la trayecto de su vida alcanzan a depredar bastantes especies y se reproducen de forma escandalosa.

Semana 8: La Plaga

Ya no es tiempo de usar términos mesurados, la especie L450 (a la que no quiero volver a llamar mi especie) es sencillamente una plaga, su grado de reproducción es elevado y sus posibilidades de sobrevida a pesar de la autodestrucción continua que se inflingen  (quizás por falta de inteligencia, quizás porque puede que exista un ser universal que los controle de algún modo divino y no les dotó de la capacidad de vivir más tiempo, para fortuna de ese planeta) es muy elevado para mi gusto. Pueden vivir más de 8 décadas destruyendo todo a su paso de forma alarmante.  
De forma superficial, una de mis teorías apunta a que sus altos líderes jerárquicos son conscientes de que son una plaga y por ende se esfuerzan en hacer que la mayoría de la población se alimente con veneno y muera lo más pronto posible. Hasta lo que he observado ahora, estos altos líderes pareciesen comprender un poco más el peligro que representan para el planeta.

Semana 10: Sin esperanza

No creo que los años de academia ni mi vida entera me prepararán para observar tanta porquería, ya no quiero hacerlo más, supongo que es mi castigo por no haber sido más asertivo. Si pudiera exigiría vacaciones, he tenido pesadillas en donde la especie L450 nos descubre y nos depreda como hace con todo lo que ve y respira. Pareciese ser que su única motivación y su modo de entenderse con el mundo es depredar sin ninguna excepción…
Esperen si hay una excepción, hasta ahora he visto que se asesinan entre sí de diferentes formas y con distintos grados de sofisticación, pero jamás he observado que se depreden entre sí.  Pero siendo honestos, quién querría engullir una sustancia compuesta de tantas especies juntas. Creo que en algún lugar de su composición debe haber racionalidad, al menos eso me gustaría pensar.

Ha hablado con mis compañeros de equipo y hasta ahora sospechamos que son los únicos que establecen relaciones de desequilibrio extremo con el medio ambiente en que habitan. Son máquinas de destrucción y autodestrucción masiva, quisiera no haber llegado nunca hasta lugar o haber peleado para estudiar el reino vegetal donde cada hallazgo maravilla, los mios…sencillamente aterran.

Semana 20: Bestias

Ya no me queda objetividad, he tratado en vano de encontrar algo de interés, alguna razón buena que justifique sus existencias y sólo encuentro contradicciones irreconciliables en el modo en que se conducen, pero ellos siguen ahí reproduciéndose diariamente, me pesa decir que lamentablemente nacen más de los que mueren día a día.
Son bestias, parásitos, virus, pero con un tamaño que aunque parece frágil les permite seguir adelante. Algunos de mis compañeros piensan que esta especie en algún modo podría ser la dominante. Yo trato de no pensar en eso y me esfuerzo en catalogarlos como subespecie a medida que avanza el trabajo. Me niego a atribuirles cualquier tipo de poder sobre este planeta.

Continuará…







Author: Anfechen
•7:58
El sólo me miró con un rostro analítico, sabía que era el mejor psiquiatra de todo el país, y eso lo acreditaba la ciudadanía completa, del mismo modo en que aseguraban que yo era uno de los mejores cardiólogos los estándares de calidad y la cantidad de vidas que había salvado.

-Ud…sabe que debe dejar su trabajo en cuánto antes, ninguna dosis de medicamento funcionará si insiste en no tomarla.- agregó con calma.

-Tú no tomarías antiarritmicos si te los prescribo, porque sabes que no tienes ninguna arritmia, por qué debo tomar tus drogas- dije desafiante.

-Su comportamiento no es adecuado, no es normal acudir a un servicio clínico sin zapatos, y con la ropa que usaría para estar en su casa- explicó con cautela.

-Sabes que ese argumento es una imbecilidad, porque no asumes que lo único que te importa es perjudicarme, todos quieren perjudicarme- grité.

-Esquizofrenia Paranoide- concluyó y selló mi sentencia.

-Así le llaman ahora a las llagas que deja la envidia- bramé- Uds. Todos uds, me envidian, saben que soy el mejor cardiólogo.

-Paranoide, repitió con una sonrisa de suficiencia.

Gruesas lágrimas cayeron por mi rostro, la impotencia era tal que era incapaz de reaccionar de otra manera.

-¿Qué sentido tiene seguir?- pregunté en voz baja.

-Añadiré litio, creo que está algo depresivo- respondió mientras escribía una receta.

La recomiendo que abandone su trabajo Dr. Pino, su contrato expira en tres días, pero considerando su estado, no es preciso que asista en esos días, repitió con la sensibilidad de un hacha mal afilada.

-Si tuvieses un problema cardiaco, podrías seguir siendo psiquiatra y te mantendrías muy bien con antiarritmicos o un marcapasos- dije secándome las lágrimas.

-Pero no existen marcapasos cerebrales, si ud tomara sus fármacos, podría…

-Podría estar lo suficientemente dopado y ausente como para no efectuar una cirugía cardiaca- respondí en voz baja, tomé mi receta y salí de la consulta.

Los árboles avanzan en sentido contrario y la velocidad del auto se ha incrementado sin que lo note, el pequeño ruido me trajo a la realidad, era el forzado motor de mi auto. Continúo conduciendo y trato de alejar el recuerdo de mi sentencia, me dirijo a la cárcel, a mi propia cárcel. No pude despedirme de todos los que habrán de requerir de mis servicios. Don Juan, el panadero, será operado por mis colegas, sé que no lo harán tan bien como yo lo habría hecho. Sé que nada será como antes, ni para ellos ni para mí. Sé que me espera una eterna lucha contra la sociedad completa, esa que me impulsó a querer ser mejor persona, a forzar mi cerebro al acumulo de conocimientos con el único fin de salvar vidas. La misma sociedad que no es capaz de entender que el único sentido de mi vida es ayudar a los demás entregando energía cuando ya nadie más puede hacerlo, asegurando una vida nueva cuando ya todo parecía perdido.

Nunca fui un luchador, nunca moví un dedo por mí. Siempre pensé que había nacido para ayudar a los demás y justifiqué mis años de existencia en eso…en eso.

Avanzo hacia mi condena, irremediablemente a mi condena a una velocidad exacta de 180 kilometros por hora, aún no es suficiente para un adicto a la adrenalina. Aún no…
Veo un camión a lo lejos, es de esos que me asustaban cuando aprendí a conducir, siempre cuidé mi integridad física. Ahora mismo, traigo puesto el cinturón de seguridad, no porque desee cuidarme, ya se ha vuelto una costumbre mecánica, algo así como respirar.

Decido hacer algo por mí, por primera y única vez en mi vida, siempre sentí ganas de ser impulsivo, creo que al fin he reunido la energía suficiente, la valentía necesaria, la locura necesaria. Sí, voy a luchar contra mi instinto de supervivencia, a fin de cuentas, me muero día a día, como todos. Pero no todos, tienen un final como el que tendré.

El camión se encuentra a aproximadamente 50 metros de distancia, calculo que a una velocidad de 120 kilometros por hora, sumaremos velocidades amigo…velocidades.
Giro el volante hacia la izquierda con fiereza, el ya no podrá frenar, moriré en seguida. Me pregunto si alcanzaré a notar los tres impactos; el del vehículo, el mío contra el vehículo y el de mi corazón contra la jaula de huesos de mis costillas. Tengo un corazón saludable, nadie sabe más de eso que yo, así que resistiré a la impresión. Ahí viene el camión…Los segundos se han alargado, sé que si me muevo hacia abajo del auto recibiré un impacto menor, pero quiero emoción, así que me enderezo. Me pregunto si tendré un desgarro de aorta al instante y me perderé de algo…
Un ruido ensordecedor, mil vueltas, no distingo nada con claridad, no duele…esperen, ahora duele demasiado, sangre mucha sangre, me gusta la…adrenalina.

Fin
Author: Anfechen
•8:52
Mi nombre es…bueno, a quién le interesa el nombre si habrá de olvidarlo con el correr de los segundos o en cuanto acabe de leer esta historia.
Conduzco por la carretera a 120 kilómetros por hora, una velocidad razonable para un adicto a la adrenalina, a la adrenalina…
Me cuesta poder hilar las ideas, porque soy un enfermo psiquiátrico, eso dijo el doctor, que para mí es un idiota, como todos los que escogen la especialidad de psiquiatría. Hay que ser muy soberbio para creerse el cuento de que la mayoría tiene la razón sobre cómo se debe vivir la realidad, y que precisamente él es el encargado de clasificar a los normales y desviados. Ni su beca, ni sus estudios, ni sus años de experiencia en la charlatanería le dan esa atribución.

-Lo siento mucho, colega- dijo palmoteándome la espalda- nadie está libre de esto.

-No soy tu colega- respondí al instante- vi lo incómodo que le ponía tener que entregarme la noticia.

-Ambos somos…médicos- añadió incómodo, nuevamente.

Pero aquello no lo convertía en mi colega, mi juramento hipocrático consistía en ayudar a quien me necesitase sin discriminación, no en arruinar su vida estigmatizándolo con un diagnóstico peor que el cáncer de pulmón. Pues mis órganos estaban sanos, pero aún así no podría seguir trabajando. Le miré indignado y el joven e idiota colega explicó:

-Bueno, ud…tiene antecedentes de esquizofrenia y eso…

-Eso me convierte en culpable- añadí furioso- soy culpable de que mi padre viese la vida de un modo distinto y de que un imbécil lo catalogara como esquizofrénico y también de que a mi madre le sucediese lo mismo- resoplé y me desplomé en el asiento negando con la cabeza.

-Bueno, el que sus padres tuviesen esta patología, incrementa significativamente sus probabilidades de tenerla y ud sabe que es así- añadió desafiante.

-Conozco bien la forma en que los antecedentes genéticos se transforman en penales y alivianan su conciencia al momento de marcarme como loco- respondí con calma.

Continurá
Author: Anfechen
•9:59
Desde su nacimiento una vieja adivina predijo la maldad que ella encerraba y todo lo que haría al crecer. Por lo que rápidamente informaron al Rey. Éste presa del espanto decidió deshacerse de la criatura, mas prefirió delegar la tarea a otro y así lo hizo enviando a la pequeña fuera del reino, ya que nadie sabía con certeza cuántas calamidades traería su muerte. Sin embargo no fue tan fácil. El verdugo entrenado para matar, se alejo con la niña y en el momento en que se disponía a punzar la daga en la garganta de la pequeña, ésta abrió sus ojos negros, le fulminó con una mirada que no era la de un infante y junto con esto una gran fuerza detuvo la mano del verdugo mientras la daga ardía en sus manos y le destrozaba la piel, este atemorizado la soltó y corrió rápidamente. De seguro las bestias se la comerían, él ya había hecho su trabajo. Por su parte la pequeña Elora, como rezaba la medallita que abrazaba su cuello, volvía a caer en un profundo sueño, su madre le hablaba desde la eternidad, lugar al que había ido para no volver luego se su nacimiento.-Vive Elora y has lo que no pudimos hacer juntas.- Elora soñaba, veía cosas que no comprendía, pero sabía bien que sentía.
Un pastor que pasaba por allí no pudo dejar a la pequeña, la cargó en sus brazos y se la llevó a su humilde morada, allí su esposa cuidaría de la bebé.-Es hermosa, exclamaba ésta, la niñita más bella que he visto.-Mientras la cargaba en sus maternales brazos y la acariciaba dulcemente.
Así pasó el tiempo y Elora creció como una niña normal, hija del pastor y su mujer. Mas las visiones siempre la atormentaban, por más que luchara nunca podría apagarlas, una ira enorme le inundaba el pecho cuando oía hablar de la Santa Iglesia Católica, instaurada a fuego y hierro, desde hacía años. Y sólo sentía ganas de destrozar toda aquella oscura e impenetrable institución. Elora veía más allá de ángeles y demonios, razonaba mucho más de lo que estaba permitido. Pronto no soportó más, y mientras rezaban con sus cabezas cubiertas en la oscura iglesia, pagando al sacerdote varios doblones de oro por el perdón de sus pecados, la ira le invadió todo el cuerpo, sus ojos, negros por naturaleza brillaron de un modo que fulminaba a todo aquel que la mirase, tanto que atemorizados retrocedían para alejarse de ella. Su cobrizo cabello largo, parecía encender sus pálidas mejillas y extrañas palabras salían de sus pequeños y rojos labios. Entonces todas las velas se apagaron, las monedas de oro comenzaron a arder en las manos del sacerdote produciendo quemaduras con extraños símbolos, alas, letras y dagas. El sacerdote atemorizado tomó su cruz con ambas manos y avanzó hasta Elora, esta le gritaba- El cielo no se vende, está iglesia no es necesaria para hablar con mi Dios, mi Dios repudia el oro, y te repudia a ti- El Sacerdote rezaba en latín para espantar al demonio que la había poseído, pero Elora continuaba, sin demostrar el menor temor. Luego sus padres se la llevaron rogándole que se disculpara, mas Elora se limitó a sonreír- No es posible queridos padres, un mensajero no se retracta de su verdad- Sus padres se percinaban preguntándose cuánto tardaría en llegar la noticia a oídos del Rey y que castigo recibirían. Elora debería abandonar su hogar, de lo contrario ellos pagarían las consecuencias de su maldad. Después de todo ya cumpliría los diecisiete ya podría valerse por sí sola.

Continuará
Author: Anfechen
•16:59
Para Paty con mucho cariño, muchas gracias por ser como eres.

Sinceramente, nunca creí que llegaría, pero ahí estaba contradiciendo mis pensamientos y expectativas. El sujeto de la micro volvió a la biblioteca, canceló la multa y decidió hablarme. No era el primero que se espantaba al saber de mi “escucha activa”, pero sí el único que insistía en saber de mi.
Resultaba sencillo mantener un misterio en un mundo de ruido si no podías hacerte escuchar, creo que por eso el no hablar fue el mejor de los consejos que pude recibir. De un modo u otro, yo sabía que albergaba secretos en mi cabeza, de esos que todos conocen pero no se atreven a confesar. La diferencia era que, ellos no lo hacían por miedo, y que alguien como yo ya no tenía a qué temer.
De pronto, el sentido de mi vida se materializó cuando tomé ese libro, lo había pedido Franco, y yo por curiosidad había decidido leerlo de forma minuciosa, como si aquel montón de papeles impresos pudiese decirme algo de él, el caso es que encontré mucho más. Aquel autor me entregó el valor que había perdido y refrescó mi memoria, yo ya conocía esas frases, las había oído en mis primeros años de vida. Investigué un poco y descubrí que ese autor había sido mi cuidador, el único ser humano que había visto potencial en mi, aquel que me ordenó callar sólo para proteger mi existencia. Fue entonces cuando lo decidí, debía continuar con sus ideales y materializarlos, ya no me importaba mantener una vida vacía, pues no tenía nada que perder. Fue por eso que comencé a realizar el boceto de mi historieta, si bien no podía hablar ni gritar como él, tenía otros talentos, para denunciar cada una de las cosas que viví junto a mi indigente amigo, incluyendo la versión real de su muerte.
Me encontraba en eso cuando la radiante mirada de Franco me obligó a tomarle en cuenta, no sé porqué lo dejé pasar, probablemente porque estaba dispuesta a morir por decir lo que en tanto tiempo había tratado de olvidar, y porque cuando crees que tus días están contados, tratas de disfrutar un poco.
El sujeto de la micro era sin duda un luchador, pero no tenía que conocer la triste historia de mi vida, ni mucho menos involucrarse en ella. Sabía que me amaba, el aún pudiendo manifestar con palabras sus sentimientos, lo hacía mucho mejor con una mirada. Y yo, acostumbrada a observar a las personas que me rodeaban supe que ya le había enamorado.
En cuanto a mis sentimientos por él…eso daría para escribir un libro completo. Nunca creí que debería usar tanto el lápiz para escribir lo que sentía, me acostumbraba a usar el portafolios como el mejor medio de comunicación, hasta que apareció él. Hasta que Franco con sus ojos radiantes y oscuros se apoderó de los recuerdos de cada día antes de dormir.
De pronto, se adueñó de cada uno de mis pensamientos, nunca creí que el extenso vocabulario leído en los libros sería pequeño ante semejante sentimiento. Nunca creí que mi mano temblaría y la caligrafía se arruinaría un poco para escribir una palabra tan pequeña, tan nueva, y…tan ajena.
No, no podía permitir que nuestra relación continuase, no quería que me pidiese que fuese su novia, no si con ellos le arrastraría a mi mundo de silencios, a mi mundo de escapes y miedos.
A veces me despertaba a media noche, luego de soñar con aquellos soldados despiadados que una y otra vez mataban al que había sido como mi padre, en cuanto conocí a Franco la víctima se transfiguró hasta tener su cara y era su rostro amable y guapo el que ellos golpeaban.
No arrastraría a Franco a mi mundo, porque si le mataban, el sol no tendría motivos para iluminar ningún día. Porque el mundo perdería no sólo un buen periodista, sino que una preciada cuota de bondad y de justicia.
Desde niña aprendí que quienes luchan no pueden retroceder jamás, que una vez que estás dentro del mundo que agoniza a diario por las injusticias ya no te mantienes por voluntad, es más bien por la marca inalienable de la conciencia, por aquella cálida y agradable cadena que te obliga a no rendirte. Entonces esperas pacientemente a la muerte, porque sabes que vendrá, porque has visto las lápidas de los cementerios, o las listas de nombres de aquellos que fueron callados con balazos, y también sabes que esperaron a la muerte con la frente en alto y sin posibilidad alguna de rendición.

Es cierto, Franco luchaba de forma clandestina, y aunque en algún momento consideré que aquello demostraba su falta de valor, en momentos de reflexión agradecí que el pensase de forma distinta, que actuase de forma distinta, que de ser descubierto perdiera únicamente su trabajo y renombre y no precisamente su vida.

Mi caso era diferente, el trauma había borrado verdades peligrosas y aun cuando los años hubiesen convertido en polvo al hombre que había desenterrado los secretos más crueles del gobierno, las ideas habían quedado grabadas en la memoria de una huérfana. En mi memoria, sin ser escritas jamás por su propia orden.

Ahora las sabría todo el país pues las grabaría en las paredes de cada ciudad, era una misión peligrosa y sabía que me descubrirían al finalizar mi obra, o quizás antes. No podía esperar que tan solo me detuviesen, considerando que vivíamos en una dictadura disfrazada de democracia, donde las armas seguían primando ante la razón y los derechos humanos no eran más que tema de minorías políticas y adolescentes deseosos de cambiar el mundo. Yo sabía mejor que nadie, cómo operaba realmente la justicia. Pues luego de la muerte de mi padre, tuve que huir de cuidad en ciudad y rogar a Dios que mi apariencia cambiara para que dejasen de buscarme, así viví durante tres años vestida de muchacho, hasta que me dieron por muerta y pude obtener una identidad.

Fue por eso que aquella mañana falté a mi trabajo, ya estaba todo decidido, no le comunicaría mi decisión a nadie, ya que era la mejor forma de ocultarme sin implicar a terceros en mi misión.

Sé que Franco va a buscarme, pero también sé lo difícil que es encontrar a una mujer sin voz en medio de un mundo plagado de ruidos. Espero que no sea lo suficientemente perseverante como para emprender una real búsqueda, ni demasiado ingenuo como para reportar mi desaparición a la policía. Honestamente, espero que algún día asalte su mente la idea de que ha imaginado mi existencia.

FIN
Author: Anfechen
•19:50
Era tan simple y complejo como eso. Luego de vivir más de un siglo y mantenerse siempre con la mirada profunda y atractiva, estaba una vez más sola en medio de todo, o quizás de nada. La confusión era tan permanente como la frialdad de aquella roca que tenía por corazón. No siempre había sido así, hubo un tiempo en el que sí se preocupó de los demás y el ego era casi lejano y abstracto...Bellos tiempos eran aquellos, en los que el corazón papitaba celestial y blanco, sin deseo, sin locura. Sólo apasible en la rítmica y saludable frecuencia de 60 latidos por minuto. En aquel lugar sin mal, sin tiempo. Plagado de belleza natural y artificial, era un paraíso habitado por humanos, por buenos humanos, de esos difíciles de encontrar. Y qué gratificante era pertenercer a ese grupo de personas tan similares físicamente, pero únicos en su especie por semejar en alma a los ángeles. Así había sido ella, pura como el agua que avanza sin culpas de forma insistente hasta esculpir las rocas, con la misma perseverancia ella cambiaría el alma oscura de sus pares con suaves palabras. Sus níveas manos, tan suaves como los pétalos de una flor, sólo acariciarían las páginas de algún libro dedicado a entregar útil información a aquel brillante cerebro, todo para el bien común. Sus rojos y formados labios, estaban diseñados únicamente para argumentar con voz firme y serena, discursos capaces de cambiar la forma de pensar de todo un planeta. Con ese fin la habían creado, para aquello había nacido con rostro amable y agradable a la vista, para llamar la atención entre la multitud por tanta simetría y bondad en su semblante. Todo marchaba de la manera indicada por los astros, todo encajaba perfecta y matemáticamente en su vida, sin embargo, tanta bendición no podía concentrarse en una sola persona, por muy angelical que resultase. No importaba cuanto esfuerzo empeñase en ser mejor cada día. Era humana, y los humanos deben sufrir, llorar y errar, porque así ha funcionado desde siempre. Y esta vez, no sería la excepción.

Corría la primavera de 1920 cuando un hilo de vida entrañable se cortó de improviso, entonces la muerte azotó con la fuerza única de lo irrevocable. Victoria no era capaz de entender la magnitud de un sentimiento negativo, tan opresor, tan insistente y francamente insoportable. Siempre creyó que moriría al sentir algo tan oscuro y tétrico, pero su acompasado corazón latía por inercia incansable y odiosamente persistente.

Renegó contra el mundo que siempre le había parecido bello, de nada servía ahora el luminoso sol si no era capaz de entregarle calor, de nada servía el aire si era tan mezquino como para no ingresar con calidad a sus pulmones.

Nuevos hilos se cortarían y nuevos azotes irían directo a su blanco rostro, las lágrimas ensuciarían sus mejillas y borrarían de forma permanente el brillo de los verdes ojos. Su vida cambiaría y por más que la voluntad tratase de hacer algo, aquel corazón ya no podría volver atrás, no importaba cuanto lo rogase y cuantos intentos de suicidio acumulase encima, porque sólo resultaban frustrantes, como resulta el intentar dejar de respirar sabiendo que es imposible...Fue difícil de comprender, pero simultáneamente concreto; era eterna, porque no podía morir una persona que ya estaba muerta, y eso era ella. Una muerta que para su pesar debe recorrer con el peso de la persistencia en la tierra. Muerta en vida, alma en pena. Eso era ella. Y no tenía sentido luchar contra la verdad, del mismo modo que lo había tenido gastar sus energías por nobles causas. Por cierto, ahora se burlaba de aquellas creencias y blasfemaba contra todo lo que alguna vez aferró con cariño. Ya no había respeto por la vida en su corazón, su alma había desaparecido en el momento en que su sangre comenzó a fluir en sentido contrario, de siniestra a diestra, y la bomba cardiaca cambió la diástole por sístole. No recordaba el proceso de cambio, sólo que una noche en que maldecía y oraba de manera alternada, intentado alejar la tentadora idea del suicidio, ya que algo de luz aún se conservaba en ella, una voz suave y melosa pidió su alma a cambio de la anestesia absoluta. Inmersa en el dolor y aturdida intentó vociferar una respuesta afirmativa y cuando despertó de un sueño que jamás existió, su corazón arritmico y la ausencia de frecuencia respiratoria le informaron que algo había cambiado para siempre.
Pero ya había pasado mucho tiempo, muchas generaciones, cambios, aparición de enfermedades, erradicación de las mismas, guerras, declaraciones de paz y contaminación ambiental desde entonces. Victoria no sabía exactamente qué era, quizas sólo un sueño incorpóreo, probablemente un fantasma que sentía un inusual latido en el pecho. Alguien que se alimentaba con el dolor ajeno, un mito sin explicación y una leyenda jamás contada. No podía morir, como mencioné con anterioridad, y maldecía su humana cobardía por no haberlo intentado antes de aquella noche que cambió el correr de su sangre. Su frío aliento y tacto semejaba el de un cadáver, como la palidez inmutable y cetrina de su piel. Sus labios de un púrpura permanente hacían juego con sus uñas. Sus ojos continuaban verdes y sin brillo, del mismo modo que antes de la transformación. No se alimentaba de absolutamente nada, y la persistente sequedad en la garganta era la única sensación física que podía experimentar. Era esbelta, delgada y con aspecto de descuidado y frágil. No obstante, la simetría y amabilidad de su rostro, combinada con lo anterior resultaba tan inquietante como atractivo.
Su aspecto estático era el de una adolescente, deprimida, claro está, pero adolescente. No era afectada por el frío, como tampoco por el calor y el sol. Lo que la llevó a desistir de la teoría de pertenecer al mundo de los incubus. Tampoco había intentado probar la sangre de ningún tipo, ni intentado aliviar su sed crónica, pues aquel dolor era tan familiar que le recordaba la humanidad y el dominio sobre su cuerpo que hace tantos siglos no tenía. No sentía absolutamente nada, anestesia permanente y profunda como había dicho la melosa voz.
Era tan simple y complejo como eso. Cansada de vivir en búsqueda de algún tipo de sentimiento y haciendo daño desmedido en sus arranques de ansiedad, sólo para sentirse miserable, situación que no ocurrió jamás. Victoria caminó, pues a pesar de todo sentía que avanzaba sin siquiera pensarlo, y que a cada minuto su existencia daba pasos con la rotación del planeta y el movimiento de las estrellas. Trataría de vivir como humana, y ya no se marginaría en las afueras de las ciudades. El planeta había cambiado de milenio, ahora la diversidad de estilos e indumentarias la hacía menos extraña ante los demás, de seguro creerían que era parte de una tribu urbana, nadie pensaría que algo iba mal con ella. Alquiló un cuarto con dinero robado, y con asaltos a cajeros automáticos logró obtener una identidad. El único inconveniente eran sus aparentes 16 años, una edad absurda en la que no podía manejar su vida a su antojo sin tener tutores legales.
Iría a una escuela como cualquier adolescente de su edad, a fin de cuentas, hacía tanto que no tomaba un libro que sus conocimientos debían estar más que obsoletos. Victoria quería vivir, porque no habían más opciones para ella, de manera muy incómoda el no sentir dolor ni alegría, no quitaba sentir tedio y agotamiento por la rutina.
Continuará.

Sin
Author: Anfechen
•18:22
Lo peor que puede pasarle a un corazón no es detenerse súbitamente, es seguir latiendo aún cuando no existan motivos para ello. Qué sentido tenía sentir el cálido sol abriéndose paso entre las nubes, qué gracia había ahora en las rosas del jardín tan fragantes como el perfume de aquella piel que para estos momentos pasaba de una dimensión cercana a un infinito sin tiempo o espacio.
Nada, eso era todo lo que ahora le quedaba, la nada misma mezclada con aquella hipoestesia que al contacto con el más mínimo recuerdo se transformaba de un extremo a otro, de la analgesia al sufrimiento casi letal. ¿Por qué debía ser casi? ¿Por qué la vida no se apiadaba en un último intento de demostrarle algo de amabilidad y se acaba de una vez por todas? No creía en el destino, y aún así, no se sentía merecedor de tal flagelo. Hace algún tiempo había pensado que la muerte era lo único justo en la vida, eso había ocurrido antes de que ésta le arrebatara el combustible de sus sonrisas. Entonces, nada era justo, quizás aquella palabra había sido creada por los hombres con el único fin de reglamentar la sociedad, ya que no tenía ningún significado trascendental.
Caminaba entre las sombras siempre inmerso en un cuadro en blanco y negro, recordando sus últimas palabras; "hagas lo que hagas, matente vivo". Quizás ella no sabía cuan duro resultaría...quizás lo creía más fuerte. En momentos como ese deseaba ser menos lógico, anhelaba creer en fantasmas y pagarle a alguien para que sirviera de intermediario y le comunicase con ella. Pero su cerebro continuaba tan necio y rígido como siempre.
De noche suspiraba su nombre, también en las mañanas. En un comienzo continuó con su vida con el vano intento de encontrarle algún sentido a aquella existencia sin base ni consistencia. Después de todo, el ser incorpóreo en un cuerpo concreto no debía ser tan grave. Así pasó los primeros tres años, creyendo que podría salir adelante...Pero nada ocurrió, ninguna lucha era importante sin el combustible de sus sueños.
Era patológico, eso decía la literatura, y en su calidad de psiquiatra lo sabía mejor que nadie. Había atendido casos similares, y el conocer cada una de las terapias le hacía sentir que realmente todo aquello no podría servirle jamás. Del mismo modo que para un carpintero resulta fácil encontrar problemas en los muebles ofrecidos por el mercado, el podría encontrar fallas en sus colegas y también en las terapias. Nadie podría ayudarlo, ¿Cómo podría otra persona intentar tratarlo si jamás había experimentado una fracción de su dolor? Inhaló profundo y se lamentó por todas las veces que quiso interferir en el duelo de una persona.
Lo había decidido, su pena ya no tenía cura, el suicidio no era una opción. Lo único que podría ayudar a su corazón se albergaba en la atractiva, temida y respetada locura. A fin de cuentas, el mundo trataba a los locos únicamente por un asunto de economía, ya que un desequilibrado no concuerda con las lindas palabras de producción, eficacia y progreso. El ya había agotado parte de su existencia en eso. Días completos, sin entregar sus energías a los único problemas que merecían ser oídos, los de ella. Los de aquel ángel que había decidido inmortalizar su imagen joven y exuberante en la memoria colectiva. Y ahora que se permitía ser loco, ahora cuando el tiempo libre agobiaba al ser tan extenso...ahora no podía compartirlo...
Debía encontrar la forma de alucinar con ella, de vivir en el mundo de los locos, quería padecer psicosis y también ezquizofrenia, y aunque conocía tanto causas como síntomas, no era capaz de verla.
Se internaría, eso es lo que haría, internarse en el psiquiátrico donde trabajó tanto tiempo y
conversando con los demás compañeros encontraría la forma de enloquecer.

Transcurridos cuatro otoños desde que ingresó al psiquiátrico, se dió por vencido. No había espacio para él entre aquellos que aseguraban tener un don, y al ser discriminado por los dementes, por considerarlo limitado y falto de imaginación, decidió enfrentar la vida.
Afuera todo seguía inmutable, sin sentido, aburrido y predecible, su caso era grave, tanto que ni los locos le comprendían.

Así vivió durante diez largos años, sin más alegría que la ironía, cuando ella apareció en un sueño tan vívido que le dibujó una auténtica sonrisa. No le dijo nada, sólo le observó y entonces el comprendió que en muy poco tiempo la vería por siempre. Fue por eso que comenzó a vivir, saludó a los vecinos, saludó a los compañeros de trabajo y bromeó con todos. Condujo con extremo cuidado, y no insultó a los imprudentes. Se durmió con una sonrisa en el rostro, imaginando que ella estaba en sus brazos y cuando despertó, el suave aroma a rosas le envolvió entre una lluvia de besos.


FIN
Author: Anfechen
•12:33
No tuve conciencia hasta que aparecí en el cementerio en que me sepultaron, estaba sobre mi lápida y Franco me miraba calmadamente.- Creí que te irías para siempre.- murmuró. No entendí el significado de las palabras y miré con expresión torturada. ¿Irme? A dónde iba a irme si estoy muerto, respondí ofuscado. Él me dijo- Gastaste casi toda tu energía, creí que ya habías ido adonde van todos, tu sabes, los que “descansan en paz”. Me tomó algunos minutos responder, y la verdad es que respondí con una pregunta que no se relacionaba en nada con el tema. - ¿Dónde está Isabel?- En su casa, supongo, dijo Franco. Recordé la situación del espejo y se la conté aún atontado. Él abrió los ojos y me dijo. -Eso es algo muy complicado. Pero ocurre, el problema es que gasta tanta energía, que algunos empiezan a desaparecer, ya sabes como los fantasmas viejos.- No tengo idea, le dije, ya ves que soy nuevo aquí. Y entonces me dijo, que algunos vivos podían ver a sus muertos, y otros aún más escasos a varios muertos. Me explicó que los fantasmas más viejos, los que llevaban más de cien años en el limbo, comenzaban a gastar parte de su energía y sólo les podían ver el rostro, un fugaz destello del rostro de un fantasma. Eso era todo lo que veían los vivos con la capacidad extrasensorial de ver el más allá, el tiempo suficiente como para convencerse de que era una alucinación y no seguir ahondando en el asunto.
No supo decirme porqué había desaparecido y perdido el conocimiento cuando Isabel me había visto. Pero concluimos que se debía al gasto de energía y a lo emocionado que me encontraba en aquel momento. Sin pensar más en la situación, me uní al viento y viajé hasta Isabel. Ella conversaba animadamente con Marcos sobre sus planes, el la convencía de ser más cautelosa y ella respondía con acusadoras miradas de enfado. Él se ponía cada vez más serio, y yo negaba con la cabeza, pensando que así jamás la conquistaría. Llegada la hora de irse, Marcos intentó abrazarla torpemente, Isabel se apartó con agilidad y lo despidió de lejos. La cosa iba de mal en peor, y seguro que mi declaración de amor no había ayudado en nada. Me pidió que la acunara como de costumbre y me pregunté cuánto tiempo habría pasado sumergido en la inconciencia, pues Isabel evitaba recordar nuestro encuentro. Supuse que la había asustado y no querría verme otra vez.
Continuará
Author: Anfechen
•6:32
Dejé de hablarle por un tiempo y sólo entré en su mente cuando lo consideré extremadamente necesario, es decir, en aquellos momentos en que quería autoinmolarse en alguna protesta o detonar alguna bomba. Para los de la resistencia, Isabel era la más valiente del grupo y digna de la admiración de todos, la respetaban tanto que nadie se atrevía a frenarla. La mayoría desconocía la historia de mi muerte, pues había reclutado nuevas personas en una nueva cuidad. Inteligente como era, sabía que allí nadie podría frenar una muerte por negligencia, como solía pensar ella. Su carisma resultaba abrumador. No charlaba con nadie sobre su vida privada, rechazaba invitaciones con la excusa de lo ocupada que la mantenían los planes de alguna nueva acción. Pero en realidad, cada vez que llegaba a casa se sumía en la tristeza recordándome. Cada noche me pedía que le cuidara los sueños, y la abrazara con ternura, yo lo intentaba en vano y le susurraba palabras dulces, como hacía en vida. Para mi fortuna, ella las interpretaba como un regalo del subconsciente y no como características de un duelo patológico. Aquellas horas de sueño, eran nuestras favoritas, podíamos amarnos sin culpas de ningún tipo. Ella no sentía mi ausencia, y yo me sentía casi vivo.


El otoño dio paso al invierno, y este a la primavera, las flores despedían su aroma y también sus sustancias alérgenas, Isabel siempre despotricaba contra eso. Adoraba el aroma floral, pero su sistema inmune no concordaba con sus gustos. Razón por la que solíamos limitar nuestras salidas en primavera, pues mi princesa odiaba los medicamentos, las farmacias, y se enfadaba explicando que no daría su dinero a los ricos. Yo me burlaba de su obstinación y cuando su enojo aumentaba a velocidades alarmantes, decidía que era momento de comprarle algún caramelo. Esos eran los recuerdos de Isabel un día de noviembre en que desenvolvía un kilo de dulces, mientras las lágrimas le inundaban el rostro. Se cumplían ya varios meses de mi muerte. Su pena era tan abrumadora que a veces me indignaba, y le mandaba una enorme brisa para que entendiera que no estaba sola. La reacción siempre era la misma. Se secaba las lágrimas y miraba al cielo diciendo que me amaba. Yo me acercaba a ella y un escalofrío la envolvía.

Aún con su enorme pena, debía seguir con la vida y los planes, pues el mundo no tenía minutos de su ocupada agenda destinados a llorar por mi, eso fue lo que dijo un día en que la tristeza la sacudió y le impedía salir de la cama. Entonces pensé que ya estaría superando el duelo, pero nunca era así. Sus oleadas de optimismo desaparecían tan pronto como llegaban.
Los planes de Isabel funcionaban como lo planeado, salvo en lo que su imagen generaba en los demás. Estoy seguro que si hubiese dependido de ella, jamás habría deseado enamorar tanto a un hombre. Pero, así ocurrió. El se llamaba Marcos, era un joven activista, valiente pero sensato que siempre la acompañaba para todas partes. En cuanto lo conocimos nos dio buena espina. Le hacía reír, razón por la que me agradó en seguida, pues desde la fecha de mi muerte que no había observado lo guapa que se veía sonriendo.
Pasaron unos cuantos meses, Marcos la frecuentaba cuánto podía y como era de esperar el quedó loco por ella, no lo culpo por eso, aquello podría pasarle a cualquiera, pero honestamente, lo odié en cuánto supe que la amaba tanto. Sé que fue de manera irreflexiva y estúpida, considerando que aquel idiota podía darle todo lo que yo no. Partiendo por la razón obvia de que ella si le veía y no dudaba de su integridad psíquica cuando el sujeto le hablaba. Tenía muchas razones para tener celos de él. Y no todas se relacionaban con que el tipo respirara y yo no. La verdad, era mejor hombre de lo que yo había sido en vida. No era del tipo de perdedores que entrega su vida abandonando a la mujer amada.
Un par de conversaciones entre Isabel y su pretendiente me ayudaron a odiarle menos, a fin de cuentas, enamorarse la mantendría más viva, pues la vida de mi amada, en aquel entonces no distaba mucho de la de un fantasma. Marcos era perceptivo, no necesitó saber la historia de mi muerte para comprender que algo abrumaba las noches de la hermosa Isabel, algo que él podría remediar si se lo permitiera. Sin embargo, ella parecía no percibir nada. Para Isabel, los demás eran sólo humanos, un montón de humanos uniformes. Y yo…yo pasé a ser completamente idealizado en su mente, yo era el hombre amado, ya había olvidado mis defectos, o más bien ahora le hacían reír. Justificaba cada una de mis estupideces en vida, sin notar que sujetos como Marcos, jamás las habrían efectuado. Eso sólo generaba dolor en mí. Impotencia, de ver que la oportunidad de ser feliz pasaba ante ella y estaba tan cegada por el dolor que yo había causado que era incapaz de verla.

Fue por eso que decidí entrar en su mente, si creía que estaba loca, al menos Marcos podría ayudarle a entender que no era así.- Hola, dije, sintiéndome estúpido y ansioso al mismo tiempo. Ella no se percató de nada y continuó desenvolviendo caramelos con la mirada perdida.- Te amo.- Le dije con mucha fuerza, casi sin pensarlo. Ella continuó sin oír nada. Me maldije por eso, quizás la falta de práctica me había atrofiado algo. Transcurrieron algunos minutos, cuando vi que observaba directamente a un espejo con expresión de asombro, miré en la misma dirección y me vi reflejado en él, con cara de idiota. No comprendí que ella veía algo de mi fantasmal cuerpo hasta que sofocó un grito, se restregó los ojos y me miró de nuevo. Sin saber que hacer, sonreí tímidamente. Ella mostró signos de debilidad y creí que iba a desmayarse por lo que me apresuré a decir.- Vamos, tu eres fuerte, cómo va asustarte un fantasma.- Ella se incorporó y las lágrimas volvieron a rodar alocadas por sus mejillas. Creí que me correría a gritos, pero en lugar de eso abrió los ojos y sin parpadear dijo.- Por favor no te vayas. Me sorprendió su reacción, como siempre, y me quedé tan quieto como pude, le miré a los ojos a través del cristal y susurré un cargado te amo. Olvidé por completo a Marcos y a mis buenas intenciones de hacer que ella se fijara en él. Estos preciosos minutos eran nuestros y nadie más podía tener lugar en ellos. Ella llevó sus níveas manos hacia el espejo y entonces me desvanecí.
Continuará...
Es uno de los cuentos más extensos que he escrito así que para los que se hayan enganchado con la historia, subiré una parte cada día (si alguien quiere leerla de una vez, me avisa y le envió el archivo completo).
Atte.
Anfechen.
Author: Anfechen
•11:04
Asistí a mi funeral, la bella Isabel lucía hermosa aún bajo la nube de tristeza que ensombreció su mirada, la confortaba un amigo, que para mi fortuna la convencía de huir explicando que mi último deseo había sido ese. Ella accedió entre lágrimas, mi voluntad parecía importarle más que la propia, más que la pena y el deseo de hacer nada. Siempre me fue fácil leer su rostro, su mirada transparente y expresiva me facilitaba las cosas al momento de entender lo que no lograban explicar las palabras. Isabel no quería seguir viviendo en un mundo sin mi, del mismo modo que yo no hubiese logrado vivir sin ella. Sin embargo, mi voluntad pesaba más que su tristeza, mi último deseo la alentaba a continuar con el plan que yo había dejado inconcluso. Decidió que sería mejor luchar sin descanso no sólo por un ideal que ya le parecía antiguo, ahora haría todo en mi nombre.

Mi cuerpo fue a parar tres metros bajo tierra, y la materia que me componía pasó al inevitable ciclo de transformación, así fue a dar al aire para continuar mutando infinitamente. Sin embargo, mi mente, porque así decidí llamar a lo que me mantenía atado al mundo de Isabel, continuaba alerta y sin mayores cambios. No era el único que vagaba por el mundo, muchos como yo decidían permanecer vigilando a los suyos. La primera vez que los vi llegué a sentir pánico, aún cuando sabía que ya nada peor podía ocurrirme. Ellos se burlaron y me explicaron que eran almas, otros preferían decir espíritus u otros nombres. Incluso algunos preferían ser llamados ángeles, a fin de cuentas, todos volábamos cuando llegaba el viento. Para mi eran las creencias de unos cuantos muertos, y no tenía ganas de molestar a nadie con mis ideas de la no existencia del alma. Yo era yo, y no había decidido seguir en el mundo por opción, le pertenecía a Isabel y jamás podría alejarme de ella. Para evitar líos, preferí considerarme como un fantasma, pues tenía un cuerpo similar al anterior pero sin consistencia firme. Todos éramos así, supuse que la imagen que permanecía flotando era la del momento del óbito, pues había colegas sin vida de todas las edades y mi pecho tenía un agujero.

Entablé conversaciones con otros fantasmas desde el primer momento, cada uno tenía sus propias concepciones de la muerte, y de algún modo u otro, todos vivían en un paraíso o infierno personal de acuerdo a la propia voluntad. Por tanto, aquellos que se habían creído merecedores de llegar al cielo, consideraban que el volar entre las nubes los convertía en ángeles. Quienes temían llegar al infierno, insistían en deprimirse eternamente. Aún así, me sorprendió nuestra cantidad. No éramos tantos como para creer que todos los muertos llegaban a ser fantasmas. Cuando le plantee mi inquietud a Franco, un viejo amable y con la sabiduría que la vida no había alcanzado a entregarme, me explicó que no todos deseaban flotar en lo que acordó en llamar limbo. -Estar aquí y no perderte entre la niebla infinita, es una decisión personal, y el llevarla a cabo requiere de sacrificio-, pronunció de forma solemne. No entendía qué más podría sacrificar un muerto, así que bromee con el asunto. El sólo sacudió la cabeza en señal de desaprobación y se marchó.

Mi vida transcurría en espacios cortos y simultáneamente largos, difíciles de medir y afrontar como todo lo que me azotaba, pues aún cuando el amor por Isabel me mantenía unido a la Tierra, resultaba difícil no confundirse con el viento para vagar sin sentido ni preocupaciones. Era tanta la energía consumida que perdía ciertas habilidades, como el volar, e incluso verme completamente. Notaba que mientras más la seguía y trataba de comportarme como ser vivo, más ligera se tornaba mi consistencia. Pero eso no importaba, mientras quedase algún grado de conciencia en mi fantasmal cuerpo, la seguiría por siempre. Supuse que a eso se refería Franco con aquello de sacrificios, realmente, la tentación de olvidar todo y vagar en paz se aproximaba peligrosamente. Decidí que la mejor forma de apartar esa idea era seguir a Isabel cada día, y me juré intentarlo con todo el esfuerzo que aquello requería.


Ya había pasado un mes de mi muerte, cuando Isabel se encontraba en tal grado de shock, que de forma desesperada traté de abrazarla, entonces comprendí que la muerte no me eximía totalmente de los sentimientos dolorosos, no era aquel analgésico eterno que creí en un comienzo. A medida que pasaba el tiempo, mientras más me ligaba al que había sido mi mundo, más humano me sentía, al punto de descubrir mi única certeza; estaba completamente equivocado cuando creí que nada más malo podía pasarme luego de aquella bala, cuando pensé que nada peor podía ocurrirle a un muerto. Muy por el contrario, cada día dolía más ver a Isabel sufriendo por mi ausencia. Mis colegas fantasmas lo habían advertido, pero no quise escuchar.

El otoño había arrancado unas despistadas hojas cuando Isabel decidió salir por fin de casa, se había ocultado lejos de la ciudad, por si alguien quisiese seguirla. Su cabello púrpura se encontraba oculto bajo una capucha, y la holgada ropa le daba más el aspecto de un muchacho adolescente que el de una mujer joven. Caminaba arrastrando los pasos, cansada por tener que vivir otro terrible día. Parecía tan invisible para los demás como yo, con un poco de suerte, la represión dejaría de buscarla, a fin de cuentas, luego de mi muerte habían cesado gran parte de los disturbios. De pronto, me paré frente a sus ojos y descubrí que si me concentraba en hablarle era capaz de oír sus pensamientos. En esos momentos se sentía mal por encontrarse inactiva y quieta, mientras los demás arriesgaban su vida. Ella debía estar en el frente, pues ya no tenía nada más que perder. ¿Por qué los militares no la mataban de una vez? Quizás intuían que eso sería un gran alivio para ella. Sus pensamientos me sobresaltaron, un mundo sin Isabel no era un mundo. Ella debía vivir, no por mi, sólo porque el sol no valía de nada si ella no podía verlo iluminar el cielo. Siempre había sido mejor persona que yo en todos los sentidos, más noble y justa, más sensata y cuidadosa. Era mi cable a tierra, la única persona en la que confiaba totalmente. Isabel era sin duda, más importante que cualquier idea creada por mi mente. Cuando pensé esto último, una oleada de energía proveniente de su respiración agitada me golpeó con violencia. Ella respondía a mi soliloquio.-¿Si era tan importante para ti, por qué no huiste conmigo?, ¿Por qué me abandonaste?- Sorprendido, con su respuesta le busqué con ansias, mientras mis manos le enviaban una suave brisa de regreso, no podía creer que ella me escuchara. Lo primero que pensé fue en pedirle perdón y jurarle que seguiría con ella siempre. Ella miró hacia el cielo con los ojos inundados en lágrimas y se excusó diciendo cuanto me extrañaba. Traté de hacerle entender que en el cielo sólo se encontraban los fantasmas raros que solían ir a misa en vida y sentían que el paraíso estaba allá arriba, sin considerar que incluso los blasfemos como yo podíamos subir cuando quisiésemos. En lo personal me aburría, no había más que gas y vapor de agua. Los como yo, andábamos en la Tierra, caminando como ella, junto a ella. Isabel sonrió ante mi respuesta, luego una lágrima rodó por su mejilla y murmuró que se estaba volviendo loca, miró de nuevo al cielo, siempre obstinada como era, y me pidió que no la asustara más.

Continuará
Author: Anfechen
•11:38
El sol desplegaba sus últimos rayos en el cielo gris, dentro de la habitación su pálido rostro viraba del crema al violáceo, mientras su boca cerrada intentaba impedir la fuga de aire, que en estos momentos era lo que más necesitaba. Su pecho subía y bajaba erráticamente, con un evidente apremio respiratorio. Junto a ella, en un velador estaba la fotografía que solía mirar con los ojos inundados en lágrimas, era mi semblante sonriente y vivo.
Unas gotas de lluvia salpicaron la ventana, aunque mi favorito era el viento, en otras condiciones habría agradecido el agua caída del cielo para fusionarme entre las nubes. Otra vez Isabel comenzaba a llamarme con su desvencijada voz, era frustrante no poder contestarle, aún más no poder abrazarla. Recuerdo claramente como me sentí en el momento en que morí, aunque en mi caso fue diferente, pues una bala impactó en mi corazón, y antes de notarlo ya había dejado de respirar para ser lo que soy ahora, un fantasma. Un alma en pena, como se dice, aunque prefiero lo primero ya siempre he tenido serias dudas sobre la existencia del alma.

En ese entonces, era yo un joven de 23 años, humano, por tanto albergaba un gran numero de defectos y virtudes como cualquier otro. Y claramente, tenía también aquellas características difíciles de definir como buenas o malas, era obstinado, tenaz y valiente, lo que me llevó a luchar contra las injusticias de todo tipo, y me envió directamente al cajón en que me sepultaron. Eso se consigue cuando sigues gritando, cuando luego de los golpes tu voz se oye más fuerte, cuando tu mirada es desafiante…
Recuerdo con claridad el momento, probablemente porque fue la última vez que mi cerebro trabajó en serio. Era una mañana de invierno en la capital, el concreto, los edificios, y las nubes otorgaban la sensación de estar dentro de una imagen en escala de grises, e incluso monocromática. Los únicos colores que distinguían mis ojos se encerraban en una persona; Isabel, cuyo cabello rizado y largo era de un intenso púrpura que realzaba la palidez de su rostro, dos enormes ojos azules se enmarcaban en oscuras pestañas largas y una pequeña boca roja me sonreía con nerviosismo.-¿Crees que logren detenernos hoy?- preguntó con una inusual voz ronca. Parecía orgullosa de ver la multitud que había acudido a la manifestación.- Somos demasiados- dije de forma seca y la atraje contra mi, para alejarla de un errático proyectil. No se asustó, ella no le temía a nada, observó hacia atrás y sonrió abiertamente.- Es sólo un niño- declaró con ternura. Hacía eso cada vez que deseaba maltratar a alguien por exponerla a algún estúpido daño. Esa era mi Isabel, compartía mis ideales y gritaba tan alto como yo, no se rendía ante nada y solía ser tan intransigente como encantadora.
Una ráfaga artificial elevó los panfletos que habíamos elaborado, los gritos de protestas fueron apagados ante el ensordecedor ruido de tanques. El ambiente cambió súbitamente, venían a atraparnos con armas y sabía que no dudarían en usarlas, mi rostro ya era conocido, lo lógico era que vendrían por mi y que claramente intentarían dañarla primero, pues mi sobreprotección hacia Isabel era más que evidente. Le rogué que corriera a ocultarse, se lo imploré, pues se negaba a dejarme solo. Pero, honestamente ¿Cómo podía dejarla permanecer un minuto más junto a mi?, ¿Cómo podría ver sus suaves manos intentando cubrir su rostro de una brutal golpiza? La insté a huir, era ágil y veloz, y su pequeño tamaño le permitiría encontrar un lugar donde ocultarse, confiaba en eso más que en cualquier cosa. La besé con ternura y le prometí que estaría bien. Sentí su aroma a rosas y tomé por última vez su cintura. Tal como yo esperaba corrió con agilidad hasta perderse de vista, sabía cuanto le dolía hacer esto. Me perdí entre la multitud y pude observar el creciente pánico. Los enemigos no tardarían en buscar a los responsables, vivíamos en una democracia de facto en la que cualquiera que expresase algo diferente a lo del gobierno pagaba con la diplomática y limpia aniquilación de un trabajador que pasaba de inmediato a la amplia lista de cesantes subversivos, situación que anulaba cualquier probabilidad de obtener un nuevo empleo. El capitalismo y el gobierno se aunaban para destruirnos y explotarnos por igual. Ahora bien, para los cesantes subversivos que insistían en protestar, no quedaba más opción que la cárcel. Eso si era la primera vez que te sorprendían, mi historial intacto daba fe del gran número de veces que había creado una monumental marcha para luego huir en masa y trasladarnos de cuidad. Realmente, nunca creí que vendrían sólo a detenerme. Pude intentar huir junto a Isabel, pero la perspectiva de una persecución en la que resultase herida me detuvo, lo mejor era estar alejado de ella, al menos hasta que pasara la tormenta. Los gritos se apagaban de a poco, el ensordecedor ruido de la opresión, unido al miedo, lograba que la multitud desistiera de gritar. Caminé gritando con más fuerza, y comenzamos nuevamente, los tanques no serían lo suficientemente grandes como para acallar nuestras voces, cuyo sonido no temblaba al chocar con el frío metal. Fue entonces cuando una voz amplificada por un megáfono gritó mi nombre y apellido. Mis amigos me detuvieron, todos sabíamos que nadie querría solo charlas junto a mí. Transcurridos los segundos, la voz se tornaba más amenazante, si no me entregaba dispararían a todas las personas que allí se encontraban. Aquellos ineptos soldados de plomo, estaban diseñados para disparar sin pensar. No lo dudé, no podría cargar con el peso de la culpa, Isabel en mi lugar habría hecho lo mismo. Corrí a enfrentarme a los uniformados, exigieron que me arrodillara, ansiaban mi rendición tanto como las ganas que tuvieron de tenerme a su lado como orador. Me mantuve en pie con una sonrisa de suficiencia, la gente continuaba gritando, no me rendiría nunca. Fue entonces cuando me golpearon, volví a ponerme en pié y grité con más fuerza. Vi la pistola que acabó con mi vida, el hombre que disparaba no era importante para mi, sabía que era un pobre diablo dominado por el sistema, un pobre infeliz que debía tener un arma en las manos para sentir la seguridad que todos los demás obteníamos con el solo hecho de respirar. No le miré con rabia, sino que con pena, me compadecía de ese pobre asesino y su miserable vida rodeada de temores y cobardía. El sonrió, quizás porque su retorcido cerebro creyó que yo le temía. Disparó con la crueldad clavada en los ojos, y la bala impactó en mi pecho, lo último que dije fue.- Díganle que huya, que cambie de identidad-. Hubiese querido decir más, agregar que deseaba pedirle perdón por abandonarla, que la amaba más que a todo en el mundo, pero ninguna de esas palabras fue realmente emitida, podía pensarlas, sentirlas mas no articularlas. Mi voz se apagó súbitamente. Llevé mis manos a la garganta y noté que un líquido viscoso y tibio entorpecía los movimientos, era sangre. Me incorporé con una agilidad inesperada y de manera irreflexiva traté de sentir el pulso en mis arterias, sólo encontré la leve vibración del roce de un pétalo de rosa contra una hoja. Las sensaciones eran incorpóreas y muy suaves como para ser humanas. No sé cuántos minutos acribilló el reloj de la plaza central, pues el tiempo y espacio me parecían ajenos y sin sentido. Observé el vuelo de un pájaro y vi como aparecían las primeras estrellas dispuestas a decorar el cielo. De pronto, el fuerte llanto de una mujer me trajo de vuelta al crudo escenario. La conocía, la amaba con cada parte de mi ser, o mi no ser, considerando que ya no estaba vivo, pues ningún vivo deja de sentir el dolor de un corazón roto, como me ocurría a mi en aquel momento.
Las lágrimas azules de Isabel rodaban hasta mojar aquel largo cabello púrpura, estaba desesperada y sola en medio de la calle inundada de gente y algarabía. Traté de tocarla, pero esta vez sólo sentí el roce del aire contra la brisa del mar. Isabel se estremeció en sollozos silenciosos jurándome amor eterno. Debí morir de tristeza, pero no me era posible, no en la suavidad de la brisa, no en el nuevo estado en que no sentía ni frío, ni calor, ni dolor, ni dicha. Yo era la nada, mezclado con el todo.
Continuará...
Author: Anfechen
•5:19
El sol peleaba con la nubes en el vano intento de aparecer en todo su esplendor mientras éstas en una obstinación sin precedentes insistían en ocultarle. Bajo esta encarnizada lucha, sobre el tejado de una vieja construcción que amenazaba con desplomarse estaba Ángel, acaparando la atención del viento que gustaba de enredar su cabello dorado. Su decisión era clara, anhelaba que aquel viejo edificio cediera al paso del tiempo y la acción del amoniaco que dejaban las palomas, quería que de una vez por todas se redujera a escombros, y por su puesto, quería caer junto con él. Pero aquel hermoso día no llegaba jamás, llevaba ya dos años completos viviendo en aquel lugar, ya había bautizado a casi todas las palomas que se posaban sobre él, y francamente, con el correr de los meses los nombres involucionaban en creatividad, al punto de que el último ejemplar se llamara Terminator 4. Sin embargo, no todo era tan tedioso, de forma puntual el sol le deslumbraba cada mañana, al atardecer veía como corrían los niños del colegio a la casa,y cual espectador de una obra teatral se iba enterando de las historias y problemas. Por ejemplo, Diego, el pelirrojo retraído que moría de amor por Lucía, una adolescente preciosa que asistía en su mismo curso ya comenzaba a entablar conversaciones más consistentes con la muchacha. Cuando los veía Ángel suspiraba, si parecía que era ayer cuando el pobre de Diego lloraba por su rechazo pateando piedras. Bueno, era la ley de la vida, por la misma razón el reloj avanzaba en sentido horario y no antihorario, o al revés, quién sabe. ¿Por qué se le habrá ocurrido al genio que hizo el reloj y decidió contar cada uno de los segundos que vivimos en este mundo, que debían las manecillas viajar hacia la derecha y no a la izquierda? Probablemente, porque como la mayoría de la población, el sujeto sería diestro. Claro, pensó con indignación, los diestros y sus letales formas de discriminación que incluso nos hechan en cara a cada minuto que somos una minoría de zurdos. Luego rió por la extraña conclusión, el mundo funcionaba como le acomodaba a la mayoría, pero la mayoría no le acomodaba a él.
Continuará
Author: Anfechen
•10:12
Traté de explicar que todo era un malentendido y contuve mis ganas de cantar y realizar algo insulso gobernado por la ansiedad y emoción del momento. Sin embargo, como el mundo parecía estar de cabeza y todos creían que ése sería el fin querían oírme hablar. Hablé lo más fuerte que pude y conté muchas de las cosas que siempre quise decir, de modo pacífico. Hablé de lo injusto de la vida, de mis ganas de cambiar el mundo, de la tristeza que me daba el tener que destruir la tierra para seguir viviendo como la plaga de humanos que éramos. De las veces en que había pensado que toda vida era más valiosa que la mía, del momento en que me sentí culpable por consumir el oxígeno de otras especies. En una canción, entonada por mi pésima voz, expliqué a una velocidad increíble todo lo que albergaba mi alma. Sólo reservé mi único miedo de no morir como todos los demás y aquello de la discriminación, pues no era tiempo de recriminarle nada a nadie. Creí que con todo eso desistirían de la idea de mirarme con respeto como una supuesta esperanza de vida, pero no fue así. Al contrario, algunos lloraron con la canción y pidieron que hablara de mi espiritualidad, de los dioses de los que solía hablar. Yo les hablé de ellos, de aquellos cerros fantasmales que cada mañana detrás del velo que creaba el sol me observaban con severidad. Los había inventado mi cabeza en un intento desesperado por dejar de destruir queriendo construir un mundo mejor.
El cometa se acercaba a la plaza yo sólo sentía una cosa, pueden llamarlo intuición si desean, el caso es que grité que debíamos subir hacia el cerro y acto seguido comencé a correr con las venas inyectadas de adrenalina. Al cabo de pocos minutos estaba en lo alto del cerro y pude ver como el meteoro se estrellaba contra lo que había sido la iglesia. Algunos me siguieron, otros se perdieron entre los escombros. Miré hacia el cielo y observé por primera vez con miedo, no por mi muerte, más bien por la de ellos, cómo una veintena de rocas ardientes avanzaban en caída libre. Traté de tomar a una pequeña en brazos, para correr con ella hacia la plaza, sus padres no me lo permitieron. Grité a todos que corriésemos hacia la plaza, justo allí donde estaba ese trozo de roca incandescente, pues ningún otro meteoro iba a desear estrellarse en ese lugar. Sin embargo, mi lógica les resultaba abrumadoramente estúpida. En realidad nunca fui bueno formulando teorías de supervivencia, eran más bien intuiciones.
En segundos me encontraba junto al primer meteoro. El cerro estaba cubierto de rojo, las rocas habían cubierto todo el terreno circundante a la plaza. Escapé de la destrucción en reiteradas ocasiones hasta que finalmente me encontré sólo, en medio del todo y de la nada.
Al parecer el anhídrido carbónico había disminuido su concentración en mi sangre, pues todo parecía lejano. Estaba una vez más la luna y yo, solos entre los escombros. Ya nadie más vivía en aquel lugar perdido, nadie, salvo yo.

FIN
Author: Anfechen
•19:04
De pronto todo se tornó confuso, por primera vez el sacerdote y el pastor evangélico del pueblo compartían una opinión religiosa; aquello no podía ser otra cosa que el Apocalipsis. Muchos se persignaron, otros miraron al cielo e imploraron perdón por los pecados cometidas al tiempo que rogaban una segunda oportunidad. Yo sólo pensaba dos cosas:
1º Por qué el cometa amenazaba con caer en un pequeño pueblo chileno y no en Nueva York.
2º Por qué Bruce Willis no venía a salvarnos, ¿Es que acaso la NASA sólo era una industria de héroes en las películas?

Sonrisas de ironía se apoderaron de mi rostro, la gente continúo acrecentando la algarabía, muchos lloraban desesperados, quizás en el impulso de querer vivir de la peor forma posible sus últimas horas. En gustos hay mucho escrito, y como había leído al respecto decidí no cuestionar los deseos de cada uno para sus últimos minutos en la lucha contra lo indestructible. Por mi parte me limitaría a respirar el aire por última o primera vez. Para mi la muerte no representaba nada extraño ni desconocido, dado que muerto no reconocería nada, era simplemente el fin de la película, o el fin de la presentación del power point de mi vida. Un cerrar de ojos eterno, un sueño profundo sin intervención de acetilcolina…
Sólo me aquejaba una duda, ¿Se comprobaría mi teoría de que la muerte era lo único justo en la vida? Que tal si hasta en eso se me discriminaba, solía ser un buen alumno, suficientemente aplicado como para generar envidia en mis compañeros de clase, incluso en los maestros. Solía ser rebelde, tanto como para ser alejado por los desordenados, era una amalgama de situaciones extremas que obligaba a los anarquistas a pedirme mesura, a los comunistas a equilibrar mis anhelos de igualdad para todos, y a lo “terroristas” a tratar de apaciguar mis medidas incendiarias de cambio. Era un discriminado por los discriminados, y eso me obligó a escapar de aquel loquero para refugiarme en este tranquilo pueblo, según yo, el único modo de alejarme de mi propio mal; la sed de justicia.
De acuerdo, ya no era un adolescente, estaba grande para eso, había quedado atrás el tiempo en que todo se cuestiona, ahora entendía el mundo de una forma más amplia, todo era injusto, Crecí con ideas fijas de justicia e igualdad, alguna vez escuché al cura con verdadera atención y hasta pensé en creer algo de lo que decía, el caso es que noté que todo lo que me enseñaban de pequeño, todo aquello que era bueno mutaba a estúpido cuando el tiempo envejecía mis células. Así se justificaba el robo, las coimas y fraudes, algo que decidí repudiar eternamente.
El cometa ya tomaba forma de meteoro, ahora el sol iluminaba también el cielo y al desplegar sus rayos entre los cerros hacía que lo más lejanos pareciesen fantasmas olvidados por el tiempo.
Allí estaban todos gritando y agitando los brazos, mentiría si dijera que esperaba lo que ocurrió mientras el meteoro se intentaba competir con al luminosidad del sol. De pronto don Juan, el señor de la panadería, el mismo que era presidente de la junta de vecinos, capitán del equipo de fútbol y catequista de la iglesia del pueblo me miró con los ojos desorbitados gritando; Alberto tenía razón, el habló lo del meteoro y también dijo que sabría cómo salvarnos. Bastaron dos segundos para que todos se giraran hacia mi, yo estaba asombrado, de pronto aquel líder vecinal competía con mi puesto de “loco del pueblo”. Afortunadamente, nunca fui un sujeto territorial, así que decidí dejarlo pasar, luego el cura se acercó hacia mi con más respeto de lo normal diciendo; Hijo mío haz el favor de contarnos el sueño que tuviste la semana pasada. Y ahí caí en la cuenta, hace una semana me había dado por gritar como los pastores, sólo por ocio, y hablar sobre el fin del mundo. Mi idea siempre fue provocar a los demás, jamás convertirme en un loco útil que predecía catástrofes. Ahora, una multitud esperanzada me miraba con profundo respeto y cautela, por primera vez en mi vida conseguía la atención de los demás sin tener que recurrir a actos estrafalarios. Y ahí estábamos; un pueblo esperanzado y un loco cumpliendo uno de los muchos de sus sueños.

Continuará
Author: Anfechen
•17:23
Sólo estaba la luna, observando impasible en aquel cielo ya sin estrellas. Los días avanzaban, el calentamiento global se manifestaba ya sin ninguna vergüenza, muchos afirmaban que así acabaría el mundo, en el 2012 obviamente.
Yo caminaba por la calle tratando de pensar en otra cosa, en los relámpagos, en los amores no correspondidos y en todo lo que había abandonado para cumplir mis sueños, que por cierto cambiaban cada tres cuartos de hora. No era fácil ser yo, no era fácil ser nadie. El mundo cambiaba con tal rapidez que no podían extrañarse los dioses de que yo hiciese lo mismo. Pero ellos eran así, antojadizos, manipuladores y por sobre todo, poco comprensivos.
La nieve se amontonaba en las aceras y a nadie le llamaba la atención que hace tres días los chicos destapasen grifos para capear el calor. Francamente no sabía, en que rayos terminaría todo esto, sólo sabía que tal como indicaba el calendario y la línea de mi mano, yo Alberto Sinatra, moriría sólo. Lo de Sinatra es por mi voz, a muchos les gusta y no los culpo… De acuerdo, en realidad es por lo contrario, canto horrible y uno de todos mis sueños fue precisamente cantar en un escenario. Lo intenté, pero me corrieron de ahí por bien mayor a los 30 primeros segundos de la canción.
Me conocían en el pueblo como Alberto Sinatra, en realidad el “loco Alberto Sinatra”, son esos nombres con los que la gente suele bautizar a los seres que salen del margen. Por ejemplo, al cura le molesta que yo diga “gracias a los dioses”, en lugar de “gracias a dios”. Lo que es una estupidez, considerando que los dioses no se subordinan a un solo dios supremo, pero bueno, el cura no tiene porqué saber de asuntos tan espirituales, el únicamente cumple con su trabajo que es, agregar fastidio a las mañanas dominicales para que así el día se arruine desde temprano.
Un gran cometa surcó los cielos e interrumpió mis pensamientos, las campanas de la iglesia rebotaron de un lado a otro y la gente corrió despavorida, no sé exactamente si a ver el cometa o para huir de él, lo que resultaba un tanto…loco.
Conituará.


Author: Anfechen
•11:37

De pronto la vida no era tan mala como parecía ni como la pintaban las noticias, no todo era un desastre y salir a la calle no era sólo exponerse a un asalto. Tanto tiempo encerrada en su propio mundo de miseria y angustia la llevó a crearse un mundo oscuro y desagradable. Pero todo cambió aquel día, en que fue preciso salir, pues de lo contrario no tendría alimentos para todo un mes. Luz, estaba acostumbraba a encerarse en su casa y no salir de ella, a menos que fuera estrictamente necesario, y como trabajaba en su propio hogar, esto no era muy complicado. Sus compras las realizaba por Internet y los productos simplemente llegabas a sus manos. Su vida social se limitaba a chatear de vez en cuando con un amigo (que jamás había visto) de China. Mas, ese día fue de aquellos en que colapsó el sistema y se vio obligada a salir de compras. Con su habitual paranoia salió, mirando lo horrible que era todo aquello y agradeciendo no ser parte de todo ese vil mundo, en efecto bastaron unos minutos fuera de casa para notar mil falencias y una sarta de defectos de nuestra ya denigrada especie. Personas asaltando a otras, políticos mintiendo descaradamente. De hecho Luz se cuestionaba quién era peor si aquel ladrón de terno y corbata disfrazado de oveja tras una amplia y cordial sonrisa o aquel otro carterista profesional que no engañaba a nadie sobre su “oficio” pero que de todos modos dañaba a los demás. Claramente el primero es peor, se dijo- mientras continuaba su trayecto- pues las sumas de dinero que sustrae son enormes, sin contar el engaño… Sin embargo algo interrumpió sus pensamientos, de pronto vio aquellos ojos que no olvidaría fácilmente, él la miró sonriendo y le entregó una flor, sin pedir nada a cambio le obsequió una flor y una sonrisa-Una sonrisa en medio de tanta fealdad no era algo que se viera a diario. Luz, quedó impactada y sonrió al mimo, el muchacho le hizo una señal de despedida con la mano y se marchó caminando de manera graciosa. Luz hizo las compras y volvió a su hogar pensando aún en el muchacho. Tal vez no todo era tan terrible, la ciudad no era tan mala, quizás si salía de nuevo podría ver a más personas así, quizás muchos querían cambiar el mundo, como ella también lo había deseado en su niñez. Probablemente ella misma había acribillado sus sueños, culpando a la sociedad de ello, pues fue ella quien no tuvo el valor luego de varias frustraciones, de salir adelante. Quizás las respuestas a todas esas interrogantes se encontraban en los lugares que más detestaba. Allí en la calle, el lugar que resaltaba los peores defectos de la humanidad; donde todo el mundo veía a los demás sufrir por un determinado percance sin detenerse a ayudarlo, allí donde se contaminaba el planeta de manera descontrolada y sin cargos de conciencia, pues el dinero recibido por las industrias parecía cubrir con una especie de seguro estos malestares. Quizás en aquel lugar lleno de malas acciones podría encontrar las respuestas que no le dio la soledad.


Fue por eso que decidió salir de nuevo, simplemente a pasear por la plaza, a sentarse un momento a mirar todo, se entretenía observando a un malabarista de un semáforo cuando el mimo se sentó a su lado.-Aunque no se me permite hacerlo puedo hablar, si me da algo…-decía un pequeño cartel y el mimo la miraba directamente a los ojos, sonriendo. Ya lo sabía, dijo Luz esbozando una triste sonrisa- Nadie entrega nada gratuitamente, ¿Cuánto valen sus palabras? Una sonrisa suya, escribió el mimo- Luz sonrió apenas leyó el mensaje, pues lo encontró hasta gracioso.-Bueno, comenzó a hablar el muchacho, no se si me recuerda, ayer yo le entregué una flor, espero que le sirviera de algo…Claro-dijo luz- me hizo pensar bastante sobre tantas cosas, que decidí salir de nuevo- Lo sé respondió el mimo, yo sé que usted no acostumbra a salir de su casa, que quisiera que todo fuera distinto, la agobian los problemas, odia la fealdad de todo esto y se encierra en su mundo, tratando de ser feliz, allí escondida, mas no lo consigue. Ud continúa pensando en lo horrible que es todo, en lo bueno que es no ser parte de aquello…mas no es feliz, aún considerándose diferente y ajena a todas estas fechorías...Luz lo miró sorprendida, ¿Cómo podía aquel joven saber tanto de ella? Ni siquiera ella misma se había cuestionado, qué tan feliz era en su solitaria y cómoda vida…pero en realidad él tenía razón, no era feliz. Entonces preguntó- ¿Por qué no logro ser feliz si hago lo que quiero, si evito lo malo, si sólo trato de hacer lo que considero correcto, si ya no soy parte de esta farsa, si ya no pertenezco a ningún grupo ni institución de aquellas que inevitablemente se corrompen junto con sus miembros?-La respuesta está aquí-dijo él serenamente, está aquí, en todo lo que siempre has rechazado, pues de nada sirve alejarse de lo que te molesta, siempre te persigue, aunque evites salir a la calle, sabes que afuera siguen pasando las mismas cosas malas, sabes que todo continúa igual. Que el alejarte no mejora, ni empeora las cosas. Por eso no te alivia, no eres individualista aunque a veces quisieras serlo. Luz meditó por un momento y notó que en efecto ese era el vació de toda su teoría de felicidad, a pesar de todo, ella quería cambiar las cosas, no sólo su vida, no bastaba con alejarse de todo. No bastaba con huir de lo malo, lo que tenía que hacer era cambiar aquello. Satisfecha con la respuesta miró de nuevo al mimo, este ya no estaba. Mas había dejado una nota. “Nada es totalmente malo, incluso un reloj sin pilas está en lo correcto dos veces al día, no debemos huir de lo que nos atormenta, debemos enfrentar los problemas y en lo posible solucionarlos” Luz contempló la hoja largo rato, y miró a la calle, ya nada era tan feo, de pronto los niños jugaban, las pajaritos volaban alrededor de la plaza. El mimo no regresó más, Luz preguntó por él, pero nadie parecía conocerlo. Hasta que un día alguien tocó la puerta de su casa, era un nuevo cartero. Luz lo miró asombrada, nunca olvidó aquellos ojos color miel, era el mimo, estaba segura.- Con una amplia sonrisa le dijo- muchas gracias por todo. No sabe cuanto ha cambiado mi vida desde que lo vi, todo gracias a una sonrisa. El cartero la miró en silencio y fijamente.- Hoy no quería trabajar y mire qué sorpresa me he llevado, le dijo sonriendo. A veces todo cambia, yo encontré un nuevo modo de solucionar los problemas…venía a agradecerle, pues noté que es mejor hablar y no sólo sonreír, gracias a usted.
Así Luz comenzó a hacer amigos, y continuó dedicando parte de su tiempo a hablar con los demás a escucharlos y notó que cada problema tenía su solución. El cartero, continuó cambiando siempre de oficio buscando el modo de ayudar a más personas.


Fin

Valentina Castro Godoy